MoonMagazine persevera en su homenaje a la ciudad más castigada por la covid-19 con Ulises amarrado al mástil obra de un madrileño de pura cepa, y  además, en este caso, varón. Pedro de Paz (Madrid, 1969) debuta exitosamente en la literatura: con El hombre que mató a Durruti (2004) gana el Certamen Internacional de Novela Corta «José Saramago». A esta obra le siguen las novelas Muñecas tras el cristal (2006) y El documento Saldaña (publicada por Planeta en 2008). En 2010 ha publicado La senda trazada con la que obtiene el Premio Internacional de Novela «Luis Berenguer». Pedro de Paz participa en antologías colectivas de relatos, como La vida es un bar (de 2008, y a la que aportó su Revenge Blues).

En los últimos años este completo narrador orienta sus esfuerzos creativos hacia la poesía y prosa poética. Grupo Tierra Trivium, editora de su poemario de debut, Caricias de fogueo, publica también este segundo suyo, primero reseñado por mí que contiene prosa. La hallo —en cantidad y de una gran calidad— en las partes segunda y cuarta de Ulises amarrado al mástil. Las otras dos de este bello libro (que no incluye, aparte de en su título, más referencias mitológicas) recogen versos en forma de estrofa.

#Reseña de Ulises amarrado al mástil, de @PedrodePaz @TierraTrivium por #ManuLópezMarañón. Homenaje poético a Madrid (III). Un bello libro que incluye #poesía y #prosapoética de gran calidad. Share on X

Ulises amarrado al mástil

1. Poemas en verso

Para Pedro de Paz la poesía es ese observatorio desde el que contemplar un horizonte a menudo sombrío. Ante la inacabable procesión de sentimientos provocados por el desamor, con sus miserias que aparejan desesperación, la existencia de nuestro poeta parece, en efecto, haberse bloqueado. Pero afortunadamente en otras ocasiones aquel horizonte se despeja y la pasión lo colma de dicha.

Dijo Leopardi: «Cuando está en el colmo del entusiasmo y de la pasión el poeta no es poeta, es decir, no está en condiciones de poetizar. Lo infinito sólo puede expresarse cuando no se siente; sólo después de haberlo sentido»; y, así es: desde la revelación de lo que ya se sabe y se olvida, la poesía de Pedro de Paz —atravesando antes el desierto de la soledad no deseada— rescata con espiritual serenidad el tiempo perdido, levanta el ánimo, ayuda a completar el alma y crea intensos momentos de vida no tan fugaces como podría parecer. Sus penetrantes versos, liberándolo siempre de lo anecdótico y transitorio, transforman a este poeta bajo resguardo, que tan grave parecía, en alguien optimistamente comunicativo.

Si hay un tema predominante y compartido tanto en la primera parte de Ulises amarrado al mástil, «Desmontando compases de jazz» (18 poemas), como en la tercera, «Rotos y descosidos» (12), ese no es otro que el amor. Sumándolos, 23 poemas buscan acercarse, desde diversos ángulos, a esta universal e imperecedera emoción.

La fatalidad en el reencuentro; vivir en el recuerdo de la amada para que no se vacíe el alma; la irrecuperabilidad del momento amoroso perfecto y de aquellos primeros tiempos; las despedidas; el paso del tiempo como mayor enemigo de cualquier relación y como atenuador del deseo; el caos como estado favorecedor del amor; la mujer como maestra en temas amorosos y también como salvadora de tanto naufragio; la caducidad del lenguaje amoroso y el silencio; el olvido; la fugacidad de la pasión; la fidelidad; los destrozos de todo final; la promiscuidad y el sexo pagado. Este recorrido, que conforma un modélico muestrario sobre la materia, termina con una necesaria apología del beso.

 

FUIMOS NOSOTROS

Me gustaba cuando me mirabas

con los mismos ojos

de quien contempla el mar por primera vez.

 

Cuando mi palabra de caballero

dibujaba un rictus de éxtasis en tu cara

porque en ese instante

era más importante la emoción que la piel.

 

Cuando se estremecía tu conciencia

al traspasar la frontera

que delimitaba la abertura de mi camisa.

 

Me gustaba cuando fuimos nosotros.

 

La #poesía de @PedrodePaz rescata con espiritual serenidad el tiempo perdido, levanta el ánimo, ayuda a completar el alma y crea intensos momentos de vida no tan fugaces como podría parecer. @TierraTrivium #ManuLópezMarañón. Share on X

 

LOS PLIEGUES DE TUS SUEÑOS

Como en tantas y tantas cosas

nos mintieron.

La distancia más corta entre dos puntos

nunca fue una recta

sino el roce de unos labios.

Ese roce que me permite perderme

entre los pliegues de tus sueños

para volver a encontrarme y saber quién soy.

 

2. Poemas en prosa

«La puntería del hombre bala», segunda parte de Ulises amarrado al mástil, viene formada por 23 fragmentos de prosa poética de tamaño variable (los hay de unas líneas y otros que superan 2 hojas). 8 de ellos integran un grupo definido por experiencias de lo ya vivido. En ellas el poeta repasa su gusto por lo frágil y sombrío, o explora ritos y ceremonias de la vida burguesa que le resultan anquilosantes. Él prefiere internarse en territorios inexplorados donde encuentra motivos para seguir viviendo, pero la desubicación existencial suele ganar la partida a ese vivir a destiempo que nos condena a habitar en un extraño paraíso donde se acaba con esa sensación de ser un accidente. Solo el arte pone una nota de color en esta pesada realidad vivida en blanco y negro por quienes dejaron de creer en los sueños; un color aprovechado por los que pelean con la vida cuerpo a cuerpo y saben adaptarse a las circunstancias. De ahí el elogio de quien se sabe retirar a tiempo de una partida, no muy afortunada, de póker… Pero al final vence la insoslayable sensación de sentirse solo en medio de la multitud, de sentir que la soledad es ya tu única compañía.

 

PIENSO…

[…] Sentir el instinto animal cuando una mirada felina se cruza con la sonrisa de un lobo viejo. Pisar sobre una fina capa de hielo sabiendo que debajo sólo existe la nada. Romper la noche, el silencio, los pactos y tu ropa interior. Combatir dragones con espadas de madera.

 

El amor aparece de nuevo en estos fragmentos en prosa. Las funciones, físicas y metafísicas, de las manos; esos raros días de optimismo favorecidos por la comunión espiritual con la amada; los regocijos del amante mirando fotos de su amada; los perdurables rastros que, a su pesar, ha dejado el examante, y el amor como refugio ante la llegada de la vejez regalan notas de razonable optimismo a esta parte que tan dramática venía.

 

DÍAS

[…] Hay días en los que uno se alegra de estar vivo. O de que exista alguien que le haga sentirse así. Vivo.

 

En el resto de fragmentos que completan «La puntería del hombre bala» encontramos una variada temática que se ocupa de los sueños (indispensables para habitar cualquier realidad, para curar lo que el día ha enfermado, o para prevenir del peligro que acarrea su materialización); de la noche (terreno abonado para los que rompen reglas o para sentir en la piel la melodía que más corresponda a nuestro estado anímico); o del paso del tiempo (generando frustración por los deseos incumplidos, o una ambigua sensación —entre amor y odio— cuando el poeta repasa sus cinco décadas de vida).

 

TAHÚRES DE ALMAS

[…] Y hay noches en las que estoy convencido de que terminaré por arder en el infierno porque alguien me susurró una vez al oído que hay allí un rincón especialmente destinado a los tahúres de almas y los que rompieron reglas no escritas […]

 

La última parte de este completo poemario viene formada por otro conjunto de fragmentos en prosa, esta vez 70 y de más reducido tamaño. En «Cenicienta ya no vive aquí» predomina de nuevo el amor, algo que otorga ya a Pedro de Paz categoría de «poeta del amor», un signo de distinción para estos duros tiempos que nos ha tocado padecer.

A mitad de camino entre el diario íntimo y una feraz cosecha de aforismos, dos tipos de sensaciones amorosas dividen esta cuarta parte. De tipo positivo serían las de complementariedad, cariño, sonrisas, eternidad en la convivencia, bello lenguaje, profundidad, atención, conjura de miedos, sinceridad, refugio, felicidad, regeneración y promesas.

 

Él llevaba los bolsillos llenos de causas perdidas. Ella guardaba en su regazo la respuesta a todas esas preguntas que dan miedo.

 

De carácter negativo tendríamos la transitoriedad, el pasado, el desconcierto mutuo, los miedos, las añoranzas, los malos recuerdos, el hartazgo, la separación, las ausencias, las fronteras, la frialdad, el vacío y el desengaño.

 

El amor es eso que sucede entre el momento en el que ansías lo que no tienes y el momento en el que ansías lo que has perdido.

 

Poesía como cálido refugio, espacio dulce que aún nos queda frente a la monotonía, la estupidez o el tedio de este mundo. Leyendo a Pedro de Paz, cualquier lector siente su inclusión en ese abrigo que él ha sabido tejer, verso a verso, palabra a palabra.

Leyendo a @PedrodePaz, cualquier lector siente su inclusión en ese abrigo que él ha sabido tejer, verso a verso, palabra a palabra. Ulises amarrado al mástil: #poesía como cálido refugio. @TierraTrivium. #Reseña: #ManuLópezMarañón. Share on X

El fuego de amor, en el que el poeta se exalta y consume, es su principal código moral pero también el nuestro. Porque como dijo Goethe: «La poesía en realidad nos ha sido dada con el fin de compensar las contrariedades de la vida y hacer que el ser humano se sienta satisfecho con el mundo y sus circunstancias». Y a pesar de no pocos poemas (en verso y prosa) devastadores, el lector de Ulises amarrado al mástil sale consolado, renovado, y con una buena dosis de fe en lo que, sobre todo, pueda ofrecerle el amor.

 

Ulises amarrado al mástil. Pedro de Paz. Poesía madrileña (III)

 

 

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Reseña de Manu López Marañón

Diseño de la portada de la reseña: David de la Torre

 

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