Con De cuánta noche cabe en un espejo Jorge Pérez Cebrián (Requena, Valencia, 1996) ha ganado el Premio de poesía «Arcipreste de Hita» en 2021. Antes publicó La voz sobre las aguas (Valparaíso, 2019) y más adelante La lumbre del barquero (Olé-Libros, 2021) obra nominada al Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Estudiante de Filosofía en la UNED, Pérez Cebrián coordina en Madrid los eventos poéticos «Las noches de Eleusis». Conferenciante sobre la historia de la poesía, participa también en antologías como Para decir amor sencillamente (Diputación Provincial de Granada, 2021) y publica poemas en revistas como Veintiún Versos y Estación Poesía.

Ya en la pasada edición de Poemarios para un verano sin crímenes nos llamó la atención cómo, con su juventud, Jorge Pérez Cebrián se presentaba como un poeta hecho y derecho. El inglés Wordsworth avisó: «El poeta que no ha producido un buen poema antes de los veinticinco años no podrá hacerlo nunca». Y, justo con semejante edad, este valenciano ha escrito su tercer poemario. En él, para desarrollar una poética alejada de cualquier abuso propio de la inmadurez, Jorge vuelca su experiencia (mística, amorosa, intelectual y filosófica) en versos bellísimamente depurados —y radicalmente apartados de esa inexperiencia disfrazada de sabiduría que caracteriza a tanto colega suyo.

Transformar a través de un lenguaje culto las experiencias en símbolos, visiones y certezas que connoten no sólo otra visión del mundo, también otra personalidad, resulta para Pérez Cebrián una preocupación mayor que obtener placer estético (algo que, por otra parte, consigue con creces). José Ángel Valente opina: «El poeta no opera sobre un conocimiento previo del material de la experiencia, sino que ese conocimiento se produce en el mismo proceso creador». Partiendo de sus vivencias el autor de De cuánta noche cabe en un espejo, creando, busca una trascendencia que abarque a la experiencia colectiva. Solo lográndola el poeta encuentra su propio rostro y puede cumplir consigo mismo y con sus lectores.

En España, donde hay una larga tradición de experiencias religiosas, pocos poetas han descubierto los velos que encubren la finitud para ofrecerla, inefable, como fuente de las más puras vivencias poéticas (que son las vivencias más auténticas del mundo). A sus veintisiete años Jorge Pérez es dueño de una obra con un limpio subsuelo metafísico constituido por la presencia constante de lo finito como razón del mundo que se manifiesta poéticamente, es decir, inefablemente, a través de las palabras.  

Presentados los veintisiete poemas de De cuánta noche cabe en un espejo de una tirada, sin división alguna, para su reseña los agrupamos en cuatro grupos.

El más numeroso está compuesto por once composiciones que reflejan otras tantas certezas. Para el alemán Friederich Hölderlin, «la poesía no debe ser ni mera explosión caprichosa, patética o soñadora ni un artefacto frío y forzado, sino que ha de brotar al mismo tiempo de la vida y del entendimiento ordenador, de la sensación y de la convicción». La certeza de que es mejor vivir el presente entre el mar y las bestias [3]; reconocer en la mirada de un animal (y no en la humana) el presente de la existencia [4]; la seguridad y el confort, con sus rutinas, como civilizada trampa mortal [12]; el paso del tiempo sobre el cuerpo amado alejándolo del sueño inicial [15]; entre la multitud el poeta, casi a su pesar, asume que el bullicio lo acerca a sí mismo [17]; a pesar de la compañía de la amada al poeta lo cerca el silencio (tanto humano como el del orden natural) [18]; tras una vida de espera y fatiga, el poeta opta por callar para ser y verse cierto en la luz del alba [19]; apresado por el terror en todo lo que ve y siente, el poeta lamenta su incapacidad para ofrendar la pena desde su humilde condición humana [21]; superada su ansia por echar raíces, el poeta acepta que no es nada y se dispone a cruzar a la otra orilla [23]; tras un periplo lleno de fríos y lobos el poeta, en un descanso, tiene la certeza de que el paraíso está frente a él [24], y por último, la sabiduría de la experiencia le ofrece al poeta una cascada de recuerdos y nostalgias como inexacta pero aceptable forma de vida [25].

12

UN LUGAR SEGURO

Llamar hogar a unas paredes firmes
de donde no escapar,
en las que nada es nuevo.
Seguir las propias huellas donde lleven
para trazarse un rostro
y verlo en la distancia, acaso, un día.
Asegurarse sólo un solo ayer,
que condense el pasado en unos gestos
y haber exorcizado la sorpresa 
con ritos
y palabras consabidas.
No mirar nunca hacia los lados,
más allá de las lindes
por más que un canto leve
nos reclame.
Volver la vista al suelo
y mantenerse a salvo del horror,
de aquel pánico escénico
de estar tan vivos, 
vivos por vez primera a cada instante.
Y dejar cada noche
que una vaga sospecha de llegada
ahogue, de pasada, nuestros ojos,
para soñar quizá con otras sendas.
Antes
de volver a la barca,

de la civilizada muerte
de la rutina.

Los seis poemas del segundo grupo hacen referencia al proceso de creación. Mario Vargas Llosa señala cómo «en todas las ramas de la creación artística, la genialidad es una anomalía inexplicable para las solas armas de la inteligencia y la razón, pero en la poesía lo es todavía mucho más, un don extraño, casi inhumano, para el que parece inevitable recurrir a esos horribles adjetivos tan maltratados: trascendente, milagroso, divino». Finalizada una obra, el poeta, desgastado, frío y desdeñoso frente al resultado, reconoce sin embargo que siempre retornará a la creación como mejor remedio para evitar ser nada [5]; al barro primigenio solo la calma en la faena y el aire sobre él dan esa solidez aportada por la fragilidad artística [7]; el esforzado proceso creativo de un arquitecto, que mezcla ambición y temor, acabando en manos del caprichoso destino [13]; ante el caos del orden natural y su insignificancia creativa el poeta asume que vivir es desintegrarse en un caudal de cosas muertas [16]; tras reconocer el trabajo que le llevó dotar de belleza y levedad a su amada (en este poema la creación es amorosa) el autor confiesa que el amor ya pasó [22], y ese inexorable paso del tiempo sobre poemas y cuerpos acaba teniendo mucha más fuerza creadora que cualquier sueño humano [26].

7 

LA ARCILLA

Aquí el barro.
Aquí el calor y la humedad secreta.
La solemne docilidad
con la que admite
la extraña gravedad de las dos manos
no es presagio,
aún, 
de su destino.
Sólo el aire, el calor, sólo la calma
harán de ella una cosa. Sólo una.
La débil sed del sueño ya materia,
la trágica verdad del ya ser algo,
la sombra que se arrastra por el día.
Una cosa.
Tan sólo eso.
Tan Sólida.
Tan Unívoca.
	Tan frágil.

Las cinco composiciones del tercer grupo en De cuánta noche cabe en un espejo son cinco visiones. En su Juan de Mairena Antonio Machado recomienda: «hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son; aún más abiertos para verlas otras de lo que son. Yo os aconsejo la visión vigilante, porque vuestra visión es ver e imaginar despiertos, y que no pidáis al sueño sino reposo». «Una ventana en tres actos» coloca al poeta frente a un paraje desértico que le hace comprender: la soledad, cómo probar otros rumbos no da sentido a su sombra, y que es mejor aceptar la brevedad de la vida como algo inminente [6]; solo al poeta iluminado le es dada la percepción apocalíptica del mundo vislumbrada en la urbana cotidianeidad [8]; ante la visión del Ángel exterminador el poeta se rinde ante su poder de destrucción [9]; preguntándose en la orilla de un remoto río por el Supremo Hacedor el poeta no tiene otro remedio que cerrar sus ojos, impotente ante el Misterio [14], y, tras una intensa contemplación de una estatua acaba adoptando su mirada que descubre cómo el mundo es la más hermosa mentira [20].

8 

LA SORPRESA

			«Y oí detrás de mí
			una gran voz como de trompeta…” 
                       Apocalipsis 1:10



«Así que —se murmura— era esto».

El día derrumbándose en las sábanas
el ruido de unos pasos, una mano,
las caras que conoce y 
que no importan.

Y cuántas leves cosas cotidianas
le anuncian, distraídas
		sus adioses.

Gira, pesado, el rostro a la ventana.

«Aunque jamás lo imaginé
siempre supe
que el sol se movería para ellos.

		Es tan extraño…»

Las tiendas abren.
Se derrama en la fruta la mañana.
Las mujeres, los hombres no lo saben.
Los coches le prometen el olvido.

		Voces.

Un tacto en su mejilla. Una mano.

Un pájaro, quizá, canta a lo lejos.

En la calle intercambian buenos días.

		«Nadie dijo

				—y cómo imaginarlo—

		que se parecería a esto el fin del mundo».

Finalmente, en cinco de sus poemas Jorge Pérez Cebrián recurre al símbolo. El frío mar simboliza el enfriamiento de las ardientes pasiones [1]; la desintegración de una rosa la brevedad de los sueños [2]; la anónima masa cruzando un puente la individualidad, tragada por el miedo y las prisas [10]; la riqueza acaba por simbolizar la soledad y el frío de la tristeza que esconde [11], y la vida, cabiendo en un espejo, la eternidad (esos ojos que no olvidan la tierra) [27].

2 

HERRUMBRE Y ORO

Me dijiste una vez —ya no recuerdas—
que el pasado es la patria de las rosas,
el presente la arena entre tus tallos.

Que sobre esa ecuación se yergue el mundo.

			Ya no recuerdas.

La noche se acababa,
devolvía la aurora las ciudades
y un suspiro moría por tu cuello:
debíamos volver a ser humanos.

Breve ha de ser la dicha
para que hallen los pasos su destino
y otra huella desmienta la pasada.

Y en su breve silueta, en el fracaso,
la ceniza del sueño de los hombres,
	los secretos cimientos de la tierra. 

Fue un enorme placer descubrir el pasado año para MoonMagazine la obra de este poeta tan singular como intenso. En este nuevo verano, la lectura de De cuánta noche cabe en un espejo ha confirmado —y con creces— que estamos ante una poderosísima voz poética, una de esas voces que por su intensidad y originalidad honran la literatura de un país. No dejen pasar la poesía de Jorge Pérez Cebrián.

De cuánta noche cabe en un espejo. Jorge Pérez Cebrián, una poderosísima voz poética que por su intensidad y originalidad honra la literatura de un país. @PreTextosLibros #Reseña: Manu López Marañón. Share on X

De cuánta noche cabe en un espejo

Jorge Pérez Cebrián

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Reseña de Manu López Marañón

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