Ignoro hasta qué punto pueden servir a los lectores estas reflexiones, que, en alguna medida, solo son algo personal y diría que casi egoísta. No subyace en ellas un mensaje y tal vez solo reflejan procesos mentales míos. A pesar de todo, aunque sea poca cosa, me alegraría de verdad que sirvieran para algo.

De qué hablo cuando hablo de escribir. Haruki Murakami 

¿Qué lleva a una persona a invertir su vida pegado a la página en blanco, emborronándola de tinta con historias nunca ocurridas a personajes inexistentes con vidas que son simples inventos? ¿Por qué enfrentarse al dolor de espalda al estar horas y horas escribiendo, a la pérdida de vista por estar ante la pantalla, a las dudas interminables cercanas o no a las letras y a otros males que rodean al juntaletras? ¿Por qué alguien querría crear una historia? ¿Qué puede sacar de ello? ¿Fama? ¿Poder? ¿Dinero? ¿Admiración? ¿Amor? ¿Merecen la pena? Y, en definitiva, ¿qué conduce al escritor a ser escritor?

Es interesante leer por qué muchos autores han optado por la vida literaria. Virginia Woolf se amparaba en la literatura para explorar la libertad. Gabriel García Márquez decía que se vio obligado. Neil Gaiman comentaba que encontró en la literatura un modo de hacer y responder preguntas. Truman Capote vivió otro hallazgo: el de un modo de contar la realidad de otra manera. Alan Moore decidió servir a un dios de la literatura y el arte. Stephen King ama leer historias y dice que contarlas forma parte de él. ¿Y qué se puede comentar sobre el famoso escritor Haruki Murakami, el autor japonés tras obras como 1Q84, Kafka en la orilla, Tokyo Blues o Los años de peregrinación del chico sin color?

De qué hablo cuando hablo de escribir es la respuesta a la pregunta: ¿por qué escribe Murakami?, y a muchas otras. No es la primera vez que Murakami escribe una obra que no sea ficción (Underground, De qué hablo cuando hablo de correr), pero aquí se centra en escribir sobre escribir, una tarea sumamente ardua: ¿dónde está el límite? ¿Serás demasiado técnico o demasiado superficial? ¿Le importará tu vida a alguien? ¿Estás diciendo algo que no haya dicho nunca nadie? En esta colección de ensayos, Murakami, más que dar consejos, descompone su proceso creativo y habla de lo que supone escribir para él, desde que comenzó como un pequeño reto personal (cuando era dueño de un bar y asistió a un partido de béisbol donde tuvo una extraña epifanía).

De qué hablo cuando hablo de escribir es la respuesta a la pregunta: ¿por qué escribe #Murakami? El escritor, más que dar consejos, descompone su proceso creativo y habla de lo que supone escribir para él. @Carlos_Eguren. Clic para tuitear

El resultado final es optimista: esta obra se suma a la lista de libros que debería leer todo aquel que desee convertirse en escritor, como Mientras escribo de Stephen King o El zen en el arte de escribir de Ray Bradbury. ¿Cómo saber si un libro sobre escribir funciona? Es sencillo: si cuando lo acabas, te inspira y te lleva a juntar letras: funciona.

Que nadie espere, eso sí, recetas mágicas o una especie de cheklist en plan «si usted hace esto, será el nuevo Murakami». Eso es imposible. Es complicado replicar el estilo de Murakami, tan reconocible, tan marcado y, por supuesto, tan único, aunque pueda llegar a recordarnos a Gabriel García Márquez (del que Murakami se declaró fan). Sus obras tratan sobre sueños, aunque él reconoce que: «Yo no sueño. O no los recuerdo, pero mi literatura está llena de ellos; los imagino. Un amigo mío, psiquiatra, solía decirme: “Escribes, no tienes que soñar“».

Y es que los hechos oníricos se mezclan con una realidad donde lo fantástico se trata como lo cotidiano bajo la prosa de Murakami. El jazz, el ritmo, la música, acompañan sus páginas donde hombres pueden ser entendidos solo por los gatos, los personajes desaparecen y las bibliotecas guardan extraños ancianos. Música, estética y literatura danzan en su prosa.

Los ensayos que componen este volumen son de temáticas muy variadas: la naturaleza del escritor, cómo se convirtió en autor, los premios literarios, la originalidad, qué escribir, el tiempo como aliado, la vida física, la escuela, los personajes, el público, salir al extranjero… y todos son sumamente interesantes. Cada lector hallará en ellos aspectos más llamativos para aquello que está buscando. Por ejemplo, el episodio dedicado a los premios puede alumbrar las mentes de aquellos que se preguntan cómo se siente Murakami al ser el «eterno nominado» a los Premios Nobel de Literatura. Otros más interesados en el proceso de creación pueden fijarse en cómo Murakami habla de los personajes en el capítulo dedicado a ello, centrándose, por ejemplo, en cómo estos toman conciencia propia o en ejemplos de buenos personajes en la literatura clásica, por ejemplo, en Los demonios de Dostoyevski.

El creador sostiene, no obstante, la visión hedonista del proceso creativo: si hay dolor, no lo disfruta. Es así cómo la literatura es para él una enorme fuente de gozo y le ayuda a escapar: «Vivir mis yos alternativos. ¿Soy yo mi protagonista o ese otro personaje, Menshiki? Podría haber sido yo; uso cosas mías para componerlo, pero es apenas una posibilidad de mí. El trabajo de un novelista es soñar despierto. Es maravilloso; lo disfruto hace 40 años y creo que voy a poder hacerlo otra década. Cuando no escribo relatos, escribo ensayos o hago traducciones. De alguna forma, escribo todos los días. Si no escribo, no es un buen día». La humildad de Murakami brilla en sus páginas cuando narra su origen, por qué quiso hacerse escritor y cómo escribir supone una enorme alegría para él. Es interesante que, al principio de su carrera, no abandonase su trabajo en el bar que había abierto y del cual se encargaba, pese a haber recibido varios galardones por sus primeros trabajos. Solo lo dejó cuando sintió que lo necesitaba, sin los tormentos de otros famosos escritores.

La humildad de #Murakami brilla en sus páginas cuando narra su origen, por qué quiso hacerse escritor y cómo escribir supone una enorme alegría para él. De qué hablo cuando hablo de escribir. #Reseña: @Carlos_Eguren Clic para tuitear

¿Es todo acertado en este volumen? Debemos señalar que hay que tener en cuenta algunas consideraciones. A lo largo del libro, el escritor de la reciente La muerte del comendador habla de cómo los seis primeros capítulos nacieron para ser publicados en una revista y luego, cuando se le propuso recopilarlos en un libro, escribió los siguientes; por tanto, la unidad no es siempre simple. En algunos de los episodios, se notan las pausas hechas en su escritura, pero ayudan también a percibir cómo el escritor va ordenando poco a poco sus pensamientos sobre la escritura.

No obstante, podemos alzar la ceja con cierto toque de suspicacia o incluso desdén en ciertos pasajes. En algunos momentos, Murakami escurre el bulto y no habla de ciertos temas diciendo que le apartarían demasiado de lo que es, en realidad, más importante y que se extendería demasiado, lo que deja al lector con ganas de más.

Pese a las ya citadas trampas, este autor, más allá de ser carne de meme por no haber recibido el Premio Nobel de Literatura, es capaz de descubrir su proceso creativo sin enfrentarse a los típicos tapujos que cabría esperar que nos encontremos con otros autores de su calibre.

Por fortuna, el libro, a diferencia de otros manuales o recopilatorios de ensayos sobre el proceso de escribir, no se hace pesado y nos entrega buenos momentos que nos permiten discernir el proceso creativo del autor de obras como Kafka en la orilla. Es particularmente interesante cómo habla de su rutina: lejos de ser un escritor salvaje, un Bukowski, Murakami es un hombre muy ordenado: se acuesta y se levanta temprano, practica deporte y escribe diez páginas diarias. El autor, aunque reconoce lo interesante que es la vida de autores que tuvieron vidas al límite como Rimbaud, también admite que él no es uno de ellos. Él, un misterio encarnado que rehúye las entrevistas, insiste en la necesidad de la disciplina: de correr (sigue participando en maratones), la música (tiene miles de vinilos) y de escribir (ha creado obras que lo han consagrado como hito de la literatura).

Si alguna vez ha dudado sobre si debe leer a Murakami, no dude en darle una oportunidad a este autor. Seguro que le supondrá una agradable sorpresa, ya que el estilo de Murakami es completamente asequible y cercano, buscando ser lo más llano posible, sin sacrificar el lirismo de algunas metáforas.

Regresando al primer párrafo y resumiendo todo aquello de lo que hemos hablado, ¿de qué hablamos cuando hablamos de escribir? ¿Por qué escribimos? ¿Por qué leemos? ¿Por qué soñamos? Acaso, ¿nos preguntamos por qué respiramos? Cada uno puede tener una respuesta, pero, por si acaso, no dude en leer, no dude en escribir, no dude en imaginar, no dude en crear, no dude en comprender el valor con el que la vida y el arte juegan en la danza de la vida.

 

‘De qué hablo cuando hablo de escribir’ de Haruki Murakami: conversaciones con el demiurgo

 

De qué hablo cuando hablo de escribir

Haruki Murakami

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Reseña de Carlos J. Eguren

Portada de la reseña por David de la Torre