Sinatra y Jobim: historia de un disco legendario

Una llamada inesperada

Vinicius de Moraes contaba a sus amigos que cuando Antonio Carlos Jobim recibió una llamada de alguien que decía ser Frank Sinatra, le colgó no sin antes dedicarle unos cuantos insultos. «Pensaba que era una broma que le estábamos gastando los amigos que conocíamos su admiración incondicional por Sinatra». La realidad es que  cuando Sinatra consiguió hablar con  Jobim  fue directamente al grano como era su estilo: «Soy Sinatra,  quiero hacer un disco contigo y quisiera saber si te interesa la idea». Jobim, con las piernas temblando y sin restos de saliva en su boca, solo atinó a decir, «Sería un honor».

Mia Farrow and Frank Sinatra at Truman Capote's 1966 Black and White Ball. Photograph: Bettmann/Corbis

Mia Farrow and Frank Sinatra at Truman Capote’s 1966 Black and White Ball. Fotografía: Bettmann/Corbis

Es muy difícil entender hoy en día lo que significa una llamada de una persona como Frank Sinatra. Ningún músico actual ha conseguido acumular el poder, el prestigio, glamour e inaccesibilidad, al mismo tiempo, que tenía Sinatra. Tal vez The Beatles en su momento se acercaran un poco, pero ellos eran cuatro.

A los pocos días, Jobim viajó a Los Ángeles, y Sinatra a Las Barbados para intentar recuperarse de la crisis matrimonial con Mía Farrow.

Jobim se alojó en el hotel Sunset-Marquis, donde ya le habían instalado un piano y un frigorífico lleno de bebidas, e inmediatamente se puso a trabajar con Claus Ogerman, el arreglista que contrató para que se ocupara de toda la dirección musical del disco.  Día tras día, Jobim y Ogerman repasaban los delicados engranajes de Garota de Ipanema , Dindi, Corcovado, Meditação, Insensatez, Inútil paisagem, O amor em paz, siendo conscientes de que por mucho que trabajaran minuciosamente en la estructura de cada canción, Sinatra podría cambiar todo en el mismo estudio de grabación.

Jobím estaba a punto de cumplir cuarenta años. No podía haber mejor regalo para él que tocar junto a Sinatra.

Pero los días pasaban y Sinatra no daba señales de vida. En una carta que le escribe a Vinicius de Moraes le cuenta que se pasa todos los días viendo la tele, comiendo y bebiendo mientras espera su llamada. «No paro de preguntarme si no se habrá arrepentido». «Estoy lleno de “barrigosis”», terminaba la carta.

Ogerman, Sinatra y Jobim.

Ogerman, Sinatra y Jobim.

Otra duda que preocupaba a Jobim era cómo se adaptaría Sinatra a su música, tan diferente a la que Frank estaba acostumbrado a interpretar.  La bossa nova era una nueva forma de hacer música. Mantiene su ritmo alterando la síncopa, privilegia el lado armónico y presenta un lenguaje nuevo con letras intimistas y utilización del metalenguaje.  Una música que exige cantar como quien habla al oído de una mujer. Sinatra cantaba acompañado de grandes orquestas, pero en las canciones de Jobim, poner trompetas y otros instrumentos, sería como lavar la mejor cristalería dentro de una mezcladora de cemento. La música de Jobim tenía el sonido que hace un gusano tejiendo la seda.

El productor Sonny Burke, le llamó para decirle que comenzarían a grabar el día 30. ¡Ya había fecha concreta! Jobim tomó conciencia inmediatamente que a partir de esa fecha, sería el todo o el nada de su carrera.

Un encuentro histórico

El día 30, Frank Sinatra llegó media hora antes de lo previsto al estudio de grabación. Algo nunca visto. Se puso inmediatamente a ensayar las canciones de Jobim. Canturreaba, silbaba, modificaba cosas.

La cabina de control empezaba a llenarse de gente. Poco a poco iban llegando los músicos. Uno de ellos comentó, «Absolutamente todo y todos estábamos bajo la personalidad de Sinatra». Bueno, todos excepto el batería Dom-Um Romão, que Jobím exigió para la grabación, quién daba la impresión de que a la más mínima subida de tono de Sinatra  o de alguno de sus técnicos, abandonaría la grabación con un gesto de corte de mangas. Era un excelente batería, pero con un carácter muy difícil. Cuando llegó Jobím, no parecía nervioso: al fin y al cabo, él ya había grabado muchas veces con João Gilberto, otro genio de la música con el que no era nada fácil trabajar.

Antonio Carlos Jobim y Francis Albert Sinatra.

Antonio Carlos Jobim y Francis Albert Sinatra.

Relato de una grabación

A las ocho de la noche, Sinatra se vuelve hacia el director de orquesta y le dice: «Bueno, probamos una, ¿eh?». «Vamos a ver, dadme un LA», y da la señal con un chasquido de dedos. El LA pasa rápidamente de una sección a otra: del piano a la cuerda y de la cuerda a la madera. Tocan la canción una vez. Entonces… un largo descanso y una tensa espera. El arreglista y el director de orquesta, preocupados, miran hacia Sinatra. «¿Tempo?». «No, el tempo está bien. Es la única manera de hacerlo. Hay que atenerse a él». Sinatra habla con plena seguridad: «Solo hay un tempo para esta canción; cualquier otro no sería el indicado para el caso». Otro ensayo, con el fin de limar unas cuantas asperezas más.

Arrancan con Dindi. Todo va como la seda. Cuando termina la canción, Sinatra comenta, «la última vez que canté tan bajo fue cuando tuve laringitis».

Siguiente toma de sonido. Pobres de los que tienen que soplar en su instrumento. Empieza la grabación, no pasan dos minutos, y un trombonista deja la vara de su instrumento deslizarse unos milímetros fuera del compás, y Sinatra se da cuenta. El pobre trombonista está pálido. Sinatra le mira. «No te esfuerces…», dice. El trombonista intenta bromear: «Si soplo más suave, el aire acabará saliéndome por la nuca».

Sonny Burke, el productor, se pasea de un lado a otro, intentando que reine el silencio en el estudio, mientras Jobim habla en voz baja en portugués con el batería y con Ray Gilbert, su productor. Parece tranquilo, relajado, mientras a su alrededor hay un nerviosismo contenido.

En el siguiente tema, Jobim va a cantar con Sinatra. Tom solo parece estar pendiente de los latidos de su propio corazón. Sinatra y Jobim cruzan una mirada de complicidad. Arrancan.

Termina la última nota de la canción. Todos los músicos están quietos, expectantes, hasta que los platillos dejan de vibrar. Sinatra sonríe. Es evidente que le ha gustado. Mira hacia el interior de la sala de control, con mirada interrogante. Los técnicos levantan los pulgares hacia arriba. «Esto, dice Sinatra, exactamente esto es lo que tiene que ser el disco». Tom se acerca a Sinatra, le pone su mano en el hombro y dándole un fuerte apretón le dice: «Esto es bossa nova»Jobim se vuelve y mira a todos los músicos con gesto de alegría, como si les estuviera diciendo, «¡Estoy orgulloso de mi cantante!».

3-Tom-Jobim-e-FRank-Sinatra_Divulgação. MoonMagazine

Sinatra y Jobim. Entre ambos se estableció una relación basada en la admiración y el afecto.

Los que conocen bien a Sinatra, comentan que pocas veces lo han visto tan ilusionado y apasionado con un proyecto musical como lo está con este.

Sinatra se dirige hacia la sala de control y pide  que le pongan el tema que acaban de grabar. Escucha con los ojos cerrados. Todos miran a Sinatra intentando controlar los nervios. Cuando el tema acaba, Sinatra solo dice, «vamos a por el siguiente tema».

El resto ya es historia. Historia de la música escrita con letras mayúsculas. En el disco, Sinatra puso por primera vez su nombre completo: Francis Albert Sinatra. Estaba claro que no iba a ponerse un nombre menos que Antonio Carlos Jobim.

Cuando Jobim murió, Sinatra dijo: «Estoy profundamente afectado y triste por la muerte de mi amigo Tom Jobim. Mi experiencia con él fue tan gratificante y creativa, como la cantidad de horas que pasamos conversando y reflexionando por las noches. El mundo perdió a uno de los más talentosos músicos y yo perdí a un amigo maravilloso».

Medley en vivo de temas de Jobim en un show de TV grabado en 1967. Sinatra canta relajado y fumando. Jobim, a la guitarra, hace la segunda voz.