Wajdi Mouawad es ya un clásico contemporáneo. Ha llevado a cabo lo que parecía imposible: ha escrito ficciones actuales con la materia de Sófocles y de Shakespeare. Juega con la hybris y el destino, somete a sus personajes a los caprichos de unos dioses cuya existencia habíamos olvidado. Ha renovado la tragedia. Sitúa el origen de sus tramas en su tierra de origen, el Líbano. Con esta materia y un soberbio talento para exponer la condición del ser humano, parece empeñado en desmentir a George Steiner: ¡la tragedia no ha muerto!, y Wajdi Mouawad la ha atrapado en el espíritu de Oriente Medio, la región más trágica del mundo.

Sobre este fondo, Wajdi Mouawad es capaz de escribir parlamentos de una belleza insoportable, de componer personajes de una humanidad excesiva. Todo es desmesura, sí, pero no está en manos de quien no sabe conducir el carro del Sol.

Un obús en el corazón contiene tanto la tragedia como la belleza. Wahab, de diecinueve años, es despertado a las cinco de la mañana por la llamada de teléfono de alguien que solo le dice una palabra: «ven». Sabe que su madre está muriendo y que ha de acudir al hospital donde agoniza. En ese trayecto, en un momento en el que es demasiado tarde para ser de noche y demasiado temprano para ser de día, su vida se le presenta a fogonazos. La realidad se entremezcla con la memoria y la ensoñación. Wahab se viste su abrigo, camina sobre la nieve y rememora, en cada paso, a la madre que está a punto de perder. Los contornos son indefinidos. La nieve, el frío y la tormenta acentúan la proximidad de la muerte.

Hovik Keuchkerian en Un obús en el corazón, de Wajdi Mouawad

Hovik Keuchkerian en Un obús en el corazón, de Wajdi Mouawad

Wahab pronuncia un monólogo que deja entrever su relación con su madre agonizante. Ella cambió de rostro cuando él tenía catorce años. La identidad de la madre, que ahora tiene una cabellera rubia color ceniza, se configura como un enigma. No es su único trauma. Wahab rememora un episodio de su niñez en el que un autobús lleno de personas es acribillado e incendiado por un grupo de milicianos. Ahora, cuando su madre va a morir, recuerda a aquella mujer «de las extremidades de madera» que apareció en medio del caos para arrancar y comer la cabeza de uno de sus amigos. Ahora, en medio de la noche, camina sobre la nieve y descubre a un Papá Noel que cambia la rueda de un coche. La imagen tiene el brillo de la nieve, la lucidez de la alucinación. El Papá Noel se gira, y en un breve y tenso intercambio aprende que Wahab va a ver a su madre porque se está muriendo. Wahab también informa al conductor del autobús de esta circunstancia. Que su madre esté muriéndose, nos dice Wahab, le da algunos derechos…

La «mujer de las extremidades de madera» —esto es, la guerra, la muerte, el cáncer— volverá a aparecer en la habitación del hospital, enfrentada a una manada de lobos, porque «solo un miedo de la infancia puede acabar con otro miedo de la infancia».

Esta peripecia, lo habrán adivinado, sirve para crear un mundo poético y trágico de una profundidad abisal. Como todo monólogo, Un obús en el corazón tiene algo de stream of consciousness, de flujo de la conciencia. El pensamiento no siempre es ordenado, pero hay una voluntad de orden en el discurso de Wahab, que apela directamente al espectador, le cuenta verdaderamente su historia, se la transmite, no habla consigo mismo, sino con un interlocutor real. Sin embargo, ese orden es a menudo frustrado por la condición casi infantil del protagonista. El público sabe de Wahab más de lo que Wahab parece saber de sí mismo.

Sus evocaciones, sin embargo, tienen la fiereza del trauma, la persistencia de la paranoia. El sentimiento está a flor de piel, pero se trata de un personaje vencido demasiado pronto, un hombre, apenas un niño, que lleva consigo todas las heridas de guerra.

Hovik Keuchkerian en Un obús en el corazón, de Wajdi Mouawad

Hovik Keuchkerian en Un obús en el corazón, de Wajdi Mouawad

No se me ocurre nadie mejor para dar vida a Wahab que Hovik Keuchkerian (Beirut, 1972), nacido en Líbano de padre armenio y madre española, un actor de un físico y de una humanidad extraordinarias. Campeón de España de boxeo en la categoría de los pesos pesados en 1993 y 1994, se inició en la escena con sus monólogos humorísticos en bares de Madrid. Mucho tiempo ha pasado desde entonces. Luego fue nominado al Goya al actor revelación por Alacrán enamorado (Santiago Zannou, 2013).

Hovik Keuchkerian sale al escenario como salía al ring. El público —afirma— no es su amigo, sino que desea matarlos[1]. Por eso hay una entrega absoluta en su representación. Se produce verdaderamente esa lucha agónica que constituye la esencia de la tragedia. Él es —por utilizar la expresión de Steiner— el «huésped inoportuno en el mundo». Su objetivo, en efecto, es vencer. Pero, en este caso, vencer coincide perfectamente con convencer. Las armas de Hovik Keuchkerian son la modulación de la voz, la apostura de un hombre que es todavía un niño, la fuerza y la ternura.

Su alter ego, el autor que ha creado a Wahab, nació, como Hovik, en Beirut, y tienen casi la misma edad. Wajdi Mouawad (Beirut, 1968) vivió en Líbano hasta los ochos años. Allí, a principios de la guerra civil libanesa, contempló desde lo alto de un edificio cómo las milicias cristianas acribillaban un autobús repleto de refugiados. Este episodio, ya lo hemos visto, lo integró posteriormente en Un Obús en el corazón, pero también en Incendios. Su familia marchó a París, donde vivieron seis años, hasta que Francia decidió no volver a renovarles el permiso de residencia. Habían disfrutado, al parecer, demasiado tiempo del estatuto de refugiados. Tuvieron entonces que marchar a Quebec. Actualmente, Wajdi Mouawad tiene nacionalidad canadiense.

Si aún no han leído Ánima (2012), no esperen más.

Si aún no han visto alguna de las cuatro piezas de la tetralogía de La sangre de las promesas (Litoral, Incendios, Bosques y Cielos), corran a hacerlo.

Si tienen la oportunidad de ver Un obús en el corazón, no se la pierdan.

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El montaje de Un obús en el corazón de L’om Imprebís, dirigido por Santiago Sánchez y protagonizado por Hovik Keuchkerian, ha estado, en Madrid, en el Teatro Alfil y en los Teatros Luchana. Estuvo en Lima los días 6 y 7 de junio de 2017.

Un obús en el corazón

Autor: Wajdi Mouawad

Dirección, traducción y adaptación: Santiago Sánchez

Intérprete: Hovik Keuchkerian

Escenografía: Dino Ibáñez

Vestuario: Elena Sánchez Canales

Diseño de iluminación: Rafael Mojas

Diseño de sonido: José luis Álvarez

Proyección audiovisual: David Bernués

Producción: L’om Imprebís

Nota:

[1] Cf. Yolanda Gándara, «Hovik: “El público no es mi amigo, cuando salgo al escenario los quiero matar”», Jot Down, julio de 2011.

Reseña de Alfonso Vázquez