Ángela Figuera: una voz de la poesía desarraigada de la posguerra

La poetisa bilbaína Ángela Figuera Aymerich, nacida el 30 de octubre de 1902, perteneció a esa clase de poesía desarraigada que junto a Blas de Otero y Gabriel Celaya formó parte del Triunvirato Vasco de la posguerra. Una figura menos conocida que la de estos últimos, y por ello quería traer su memoria y concederle la relevancia debida por su labor, tanto como persona como mujer en unos años tan difíciles.

Sin duda, la podemos considerar una precursora para la época, porque fue una de las primeras mujeres que estudiaron Bachillerato no solo en el País Vasco, sino en toda España. Ferviente lectora y brillante estudiante, obtuvo el título de Bachiller en 1924 en el Instituto Provincial, en 1925 comenzó los estudios de Filosofía y Letras como alumna libre y los terminó en Madrid.

En 1933 superó las oposiciones de catedrática de Lengua y Literatura para Institutos de Segunda Enseñanza. Ese mismo año contrajo matrimonio con el ingeniero Julio Figuera Andú y es destinada al Instituto de Educación Secundaria de Huelva, ciudad donde su primer hijo muere al nacer.

Se traslada a Madrid, donde residía cuando comenzó la Guerra Civil. El 30 de diciembre de 1936 la capital tembló, y en medio de un bombardeo nació su hijo Juan Ramón, al que le llamó así por su admiración a Juan Ramón Jiménez. Hacía falta ser una mujer luchadora para tener a su hijo en esas circunstancias, y contar con el ingenio para ironizar sobre ello, cuando más tarde escribió que su primogénito había venido al mundo «con salvas, como los reyes».

Al leer la obra de Ángela Figuera, enseguida se percibe en ella una poesía comprometida con los problemas cotidianos. Todo ello con una sencillez, muy alejada de las alegorías rebuscadas de poetas de la época como Lorca. Sin embargo, nada de simpleza, porque en los sonetos maneja la rima sin romper la naturalidad de su estilo, para lo que se necesita una maestría especial.

#AngelaFiguera, una poesía comprometida con los problemas cotidianos. Sencillez y ausencia de rebuscamiento. Poesía del desarraigo.#Mujer en un mundo de hombres. Artículo de Elena Fernández, @Elenacerezas. Clic para tuitear

La defensa de los desfavorecidos, del obrero y su posición libre-pensadora le llevó a sufrir todo tipo de agresiones personales, como el saqueo de su biblioteca privada y el allanamiento de su casa en varias ocasiones.

Culpa

Si la cárcel, si el miedo, si la tisis, si el hambre.

Es terrible, terrible. Pero yo, ¿qué he de hacerle?

Yo no tengo la culpa. Ni tú, amigo, tampoco.

Somos gente honrada. Hasta vamos a misa.

Trabajamos. Dormimos. Y así vamos tirando.

Además, ya es sabido. Dios dispone las cosas.

Y nos vamos al cine. O a tomar un tranvía.

Al finalizar la guerra, como represalia por haber permanecido fiel a la república, perdió su plaza y título universitario. Y al igual que el resto de la familia quedó literalmente en la calle, sin trabajo ni bienes. Los primeros años de la posguerra fueron especialmente duros para los derrotados; el caso de Ángela Figuera no fue una excepción. Sin embargo, poco a poco fue recuperándose y encontrando un nuevo equilibrio familiar. En este contexto, Ángela retomó una de sus aficiones juveniles: escribir.

En 1948, animada por su marido, publicó su primer libro, Mujer de barro; un año más tarde apareció Soria pura. Se trata de una poesía simbolista que pronto deja paso a lo que ella llamaría «etapa preocupada», en la que la escritora conecta con los grandes problemas de la sociedad contemporánea: la mujer, la falta de libertad, la miseria, la guerra.

Recordando a una poeta injustamente relegada: #ÁngelaFiguera. ¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve/una mujer viviendo en puro grito? Artículo de Elena Fernández, @Elenacerezas. Clic para tuitear

 

El grito inútil

¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve

una mujer viviendo en puro grito?

¿Qué puede una mujer en la riada

donde naufragan tantos superhombres

y van desmoronándose las frentes

alzadas como diques orgullosos

cuando las aguas discurrían lentas?

Fue en el cruce entre los años cincuenta y sesenta cuando la poeta encontró esa expresividad que la caracteriza. Con «Belleza cruel» (1958), editada en México, huyendo de la censura franquista y prologada por León Felipe, y en «Toco la tierra. Letanías» (1962), encontró un tono y un aire propio. Tras el exilio de Angela Figuera, el poeta León Felipe, que en uno de sus versos condenó a España a quedarse muda, más tarde rectificó, diciendo que no se quedaba muda, puesto que la voz de Ángela Figuera permanecía dentro para enfrentarse a las adversidades.

Rectificó León Felipe diciendo que España no se había quedado muda puesto que la voz de #ÁngelaFiguera permanecía y se enfrentaba a las adversidades. Artículo de Elena Fernández. Clic para tuitear

Con la jubilación del marido en 1971 el matrimonio se trasladó de nuevo a Madrid, pero allí el ambiente cultural había cambiado por completo. En esos años la escritora se sintió cansada; consideraba que no era capaz sino de reiterar una y otra vez sus mensajes. Al mismo tiempo, se mostró muy crítica con la forma en la que se estaba llevando el proceso de la llamada transición política. Finalmente, tras varios meses de enfermedad, murió el 2 de abril de 1984. Sus Obras completas se publicaron póstumas en 1986.

Julio Figuera, su marido, dedicó los diez años que le sobrevivió a su memoria.

En 1993 un instituto de Sestao (Bizkaia) pasó a llamarse «Ángela Figuera».

 

Elena Fernández, autora de Cerezas amargas