Elementos del Planteamiento II

Toca hoy hablar de un elemento que se transforma en el revulsivo, en un volcán en erupción que va a hacer que nuestra novela comience a moverse y, especial interés a este punto, lo haga seguida de cerca por el lector. Se trata del desencadenante o primer gancho de la historia. Un elemento que el escritor ha de cuidar con especial esmero si no quiere perder a su lector ya en los primeros compases de la melodía con que desea hipnotizarlo.

El desencadenante

Y es que este elemento tiene dos funciones esenciales:

El desencadenante de una historia tiene dos funciones esenciales: estimular la curiosidad del lector y arrancar la historia

 

Estimular la curiosidad del lector

Uno de los dos objetivos que has de tener en cuenta cuando planees el desencadenante de tu historia es que este elemento desempeña una función esencial dentro de tu novela si deseas tener éxito como escritor: la de estimular la curiosidad del lector.

Los lectores pueden llegar a ser crueles con un libro que no les atrapa desde las primeras páginas. Si el escritor no consigue capturar su atención con rapidez, hay muchas probabilidades de que cierre el libro y lo cambie por cualquier otro, o por un programa de televisión, un rato de navegación en la Red o un intenso whatsappeo con los amigos… Las posibilidades son innumerables y el escritor que no quiera perder comba ya desde el principio ha de tenerlas presente en todo momento. De modo que su tarea principal, en esos primeros compases de la novela, es la de despertar la curiosidad del lector y asegurarse su interés por la historia.

El #desencadenante propiciará la ruptura del equilibrio inicial y arrancará la historia @ana_bolox Clic para tuitear

Normalmente, el desencadenante no ocurre en la primera página. Tal y como se explicó en la entrada anterior, las novelas suelen abrir con unos párrafos en los que se introduce al lector en la vida normal del protagonista, la situación de equilibrio inicial, de manera que este pueda luego comprender el cambio radical que provoca en ella el desencadenante. Sin embargo, no es conveniente que se retrase mucho.

Una_fracción_de_segundoDe hecho, y aunque se acaba de apuntar que el desencadenante no tiene por qué ocurrir en la primera página, también es posible hacerlo. Incluso podríamos situar este elemento antes de que el libro comience su andadura: la novela con que Baldacci abre la serie de King and Maxwell, Una fracción de segundo, empieza con un prólogo en el que se narra cómo Sean King, agente del Servicio Secreto, no pudo evitar el asesinato de Clyde Ritter, candidato a la Presidencia. Ese hecho cambia la vida de King por completo, de manera que, ocho años después, momento en el que realmente comienza la historia con un acontecimiento similar, que esta vez le ocurre a Michelle Maxwell, nos encontramos con un King que se vio obligado a abandonar el Servicio Secreto y rehacer su vida. Una nueva vida en la que ahora ejerce como abogado.

En este caso, David Baldacci construye su historia de forma muy inteligente y consigue atrapar al lector desde el mismísimo prólogo. No obstante, el escritor debe ser muy cuidadoso a la hora de elegir el momento oportuno en el que situar el desencadenante. Si lo sitúa muy pronto, puede comprometer la función de este elemento al no lograr que el lector se percate de la importancia que el cambio en la vida del protagonista provocado por el desencadenante.

Por otra parte, si el escritor tarda en ubicar este elemento dentro de la novela, es bastante probable que el desencadenante fracase a la hora de cumplir la primera de las funciones que tiene asignadas: la de atrapar la atención del lector.

Así pues, otro punto esencial a tener en cuenta cuando se está trabajando el desencadenante es el momento en el que debe incluirse en la historia.

Arrancar la historia

La segunda de las funciones del desencadenante es la de poner en marcha la historia. En realidad, si te fijas, con la situación de equilibrio no estamos todavía contando una historia. Simplemente exponemos al lector la fase de estabilidad que el desencadenante se va a encargar de pulverizar.

El desencadenante de nuestra historia tiene la misión de entrar en ese mundo apacible que ha descrito la situación de equilibrio inicial y transformarlo en un caos. De esta forma, a partir de ese preciso instante, el protagonista se verá lanzado a una vorágine de acontecimientos en el que perseguirá un objetivo: devolver el orden a su vida y recuperar el equilibrio perdido.

Para que el desencadenante cumpla con la función que tiene asignada, es imprescindible que el autor encuentre uno con la fuerza suficiente para alterar la vida del protagonista de forma radical. Si el desencadenante que hemos elegido no cambia esa situación de equilibrio de manera sustancial, no conseguiremos que la novela arranque ni que el lector se interese por ella. Este tipo de desencadenantes débiles, incapaces de modificar la vida rutinaria del protagonista, son lo que se llaman falsos desencadenantes. Cuidado con ellos.

Es decir, un buen desencadenante es aquél que plantea siempre un conflicto que el protagonista se verá obligado a resolver. Este punto es esencial porque en él radica la motivación del personaje para que actúe y tome decisiones. El conflicto proporciona una razón para la historia y un motivo para que el personaje se ponga en movimiento. Y en esto, precisamente, consiste esta segunda función del desencadenante: es el elemento que va a hacer que la historia comience a moverse.

Recuerda: el desencadenante provoca una ruptura en la vida normal de nuestro protagonista y lo obliga a actuar. Y son precisamente las actuaciones y las decisiones que toman nuestros personajes los que van construyendo la historia.

Te dejo una infografía sobre este elemento tan importante en el planteamiento de una novela. Confío en que te sea útil.

Eldesencadenantedelahistoria 

Esto es todo por hoy. No vemos en diciembre con el siguiente elemento esencial en la estructura de la novela: la pregunta dramática principal. ¡No te la pierdas!

Hasta entonces, feliz mes.

Capítulos anteriores:

Estructura de la novela. La eterna batalla

Las tres unidades dramáticas. Estructura clásica de la novela

El planteamiento de una novela

La situación de equilibrio inicial

Ana Bolox. Ateneo Literario

Fotografía: https://unsplash.com/