Mi primer estreno del 2020 no podría haber sido más acertado. Me gusta ese aire a cine clásico de Polanski en El oficial y el espía (2019), no solamente por la extraordinaria fidelidad a su narrativa, sino también por su gran capacidad de expresar diversas y complejas situaciones con una gran mesura. Aparte de mostrarnos la corrupción del ejército, del poder judicial y político, Polanski, un polaco judío que perdió a casi la totalidad de su familia en campos de concentración nazis, muestra con gran realismo el profundo antisemitismo y xenofobia, así como el exacerbado nacionalismo ramplón de una gran parte de la sociedad francesa. 

La reconstrucción de Roman Polanski del caso Dreyfus, está basada en la novela de Robert Harris (An Officer and a SpyEl oficial y el espía) y protagonizada de un modo sobresaliente por el ganador del Oscar por The Artist, Jean Dujardin, acompañado por Louis Garrel (Soñadores, 2003 de Bernardo Bertolucci) y, de la siempre presente en el cine de Polanski, Emmanuelle Seigner

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El Oficial y el espía, el análisis de Roman Polanski sobre el caso Dreyfus

Polanski, junto con el coguionista Robert Harris (The Ghost Writer), realizan un detallado estudio de los hechos ocurridos, fruto de una meticulosa investigación. A pesar de que El oficial y el espía es una película en apariencia emocionalmente contenida y distante, como si un manto de férrea disciplina militar la mantuviera bajo control, parece ser la intención del director que la objetividad de la narración apele a nuestro raciocinio, en una fiel y analítica exposición de los hechos. 

A pesar de que #ElOficialYElEspía es una #película emocionalmente contenida y distante, parece ser la intención de #RomanPolanski apelar a nuestro raciocinio, en una fiel y analítica exposición de los hechos. #Cine con @OrdunaMaite. Share on X

En 1895, el joven capitán del ejército francés de origen judío-alsaciano Alfred Dreyfus fue enjuiciado por un tribunal militar, acusado de haber entregado a los alemanes documentos secretos, condenado por alta traición a Francia, despojado públicamente de su rango y encarcelado en la lejana Isla del Diablo, a 11 km de la Guayana Francesa. 

Allí pasó cuatro años de exilio y, aunque en esa época él era el único recluso y era prácticamente imposible escapar, Dreyfus pasó la mayor parte de su encierro en una pequeña celda, con guardias en la puerta que tenían prohibido dirigirle la palabra, incluso lo encadenaban a su camastro durante la noche. 

El Oficial y el espía, el análisis de Roman Polanski sobre el caso Dreyfus 1

La Isla no solo fue famosa por el encierro de Dreyfus, sino también por las distintas fugas protagonizadas por Henri Charriere, alias Papillón. Las pésimas condiciones higiénicas y duras condiciones climatológicas decidió a las autoridades francesas a dar los primeros pasos para clausurar la Isla del Diablo en 1939. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial interrumpió el proceso y finalmente, el centro penitenciario se cerró en 1947.

Polanski nos cuenta la historia desde el punto de vista del teniente coronel Georges Picquart (Dujardin), quien está presente en la humillación pública de Dreyfus en la escena de apertura, donde es despojado de su rango frente a los regimientos del ejército que lo miran con desprecio. Ha sido sometido a una corte marcial por alta traición por pasar secretos al enemigo y condenado a cadena perpetua. Incluso en este momento tenso, Dreyfus (Louis Garrel) grita su inocencia.

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Posteriormente, el joven Picquart, uno de los maestros de Dreyfus en la escuela militar, es nombrado el nuevo jefe de los Servicios Secretos, y el destino une de nuevo sus vidas. Se hace cargo de un viejo edificio podrido por la humedad, que huele a aguas residuales y donde las ventanas no se pueden abrir para aliviar el sofocante calor. El personal que hereda no es mucho mejor que el entorno. La mano derecha de su predecesor, el Coronel Henry (Gregory Gadebois), es antagónico a su mandato desde el principio y debe ordenarle el acceso a documentos y archivos secretos.

La primera intriga con la que tropieza en el servicio de inteligencia implica otro caso de espionaje, las sospechas recaen en un militar francés llamado Esterhazy que al parecer ha estado divulgando información militar a un oficial italiano con el que está involucrado sentimentalmente. La narración de la película cambia al ritmo de una fascinante historia de detectives y espías, con el encanto de los ingeniosos recursos previos a la era  tecnológica, mediante la fotografía y dispositivos de escucha novedosos para espiar las conversaciones.

El punto de inflexión llega inesperadamente cuando Picquart empieza a comprender que el nuevo caso de espionaje que lleva entre manos está relacionado con el escándalo Dreyfus y comienza a dudar de la culpabilidad de éste. Obligado por el deber y la lealtad al ejército, pero guiado por su conciencia, el joven jefe de los Servicios Secretos lleva sus dudas por las distintas jerarquías militares. El Alto Mando militar y los estamentos políticos compartían un único pensamiento: ocultar las nuevas pruebas y aunque Dreyfus había sido sentenciado injustamente, el ejército no podía admitir que había cometido un error.

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Picquart recibió tajantes órdenes de olvidar el caso de espionaje, fue relevado de su cargo y destinado al Norte de África. El rostro rígido y la expresión controlada de Dujardin, tan contenida que parece casi desprovista de emoción, sigue siendo increíblemente expresiva. En ella podemos intuir la furia reprimida con la que deja de lado su aversión a los judíos por averiguar la verdad, aunque esto lo llevará a tener grandes problemas.

La revelación del escándalo sobre la negativa del ejército de reabrir el caso y la fragilidad de las pruebas contra Dreyfus, a través de la publicación de Émile Zola en Yo acuso (J’accuse), un alegato en favor de Dreyfus en 1898, provocó una sucesión de crisis políticas y sociales en el país que, revelaron las fracturas internas y la profunda crisis de La Tercera República Francesa.

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Con ello se había iniciado un proceso de escisión de la sociedad francesa que se prolongó hasta finales del siglo XIX. y que casi sumergió al país en una guerra civil. Se produjeron disturbios antisemitas en más de veinte ciudades, incluso con víctimas mortales en Argel, donde existía una numerosa comunidad francesa de origen judío.

Roman Polanski

El contexto social se caracterizó por el aumento del nacionalismo y el antisemitismo, que fue muy virulento desde la publicación de La France juive (la Francia judía) de Édouard Drumont en 1886, junto con un aumento del clericalismo. Las tensiones se elevaron en todos los sectores de la sociedad, incluyendo al ejército, con prácticas de discriminación enmascarada, todo ello alimentado por una prensa influyente y ampliamente libre de escribir y difundir cualquier tipo de información, incluso injuriosa o difamatoria. 

Puesto que el riesgo jurídico era limitado si el destinatario era un particular, Drumont fundó la Liga Antisemita de Francia y para amplificar su campaña contra los franceses judíos, fundaría La Libre Parole, de gran gran tirada editorial y que le permitía ampliar su audiencia hacia un lector más popular. El antisemitismo no sólo fue difundido por La Libre Parole, sino también por L’Éclair, Le Petit Journal, La Patrie, L’Intransigeant, y La Croix, variantes en las raíces antisemitas de los círculos católicos. Dicha campaña fue el caldo de cultivo que creó en parte el ambiente necesario para que estallara el caso Dreyfus.

Caso Dreyfus, antisemitismo

El odio a los judíos sería público y violento en lo sucesivo, alimentado hasta bien entrada la Segunda Guerra Mundial que propició un colaboracionismo estomagante con el ejército nazi de ocupación, creando el régimen de Vichy instaurado por el mariscal Philippe Pétain en parte del territorio francés y en la totalidad de sus colonias,

Dentro del gran elenco de actores de reparto de El oficial y el espía se encuentra una elegante Emmanuelle Seigner como la amante casada de Picquart que, aunque no es central en la historia, completa su personaje como una persona que prioriza el trabajo sobre su vida privada. El deshonrado capitán judío, interpretado por Garrel tiene el papel más enigmático. La valentía que muestra ante la corte es admirable, al igual que su negativa a morir antes de que pueda limpiar su nombre y su honor.

Emmanuelle Seigner

Uno de los grandes placeres de ver El oficial y el espía es su magistral trabajo técnico, que lleva al espectador a un universo repleto de música, cafés de gran colorido, calles empedradas o el mármol blanco del jardín de esculturas del Louvre. El Director de Fotografía habitual de Polanski, Pawel Edelman, junto con el diseñador de producción Jean Rabasse, crean una atmósfera opresiva en una progresión asfixiante, a medida de que avanza el caso. En otras ocasiones, las imágenes de las concurridas calles de París se complementan con las melodías del compositor Alexandre Desplat.

#ElOficialYElEspía de #RomanPolanski: un magistral trabajo técnico y una atmósfera opresiva en progresión asfixiante, fruto del trabajo del director de fotografía Pawel Edelman y del diseñador de producción Jean Rabasse. @OrdunaMaite. Share on X

Era la primera vez que el Roman Polanski competía en un festival importante desde que presentó en Cannes La Venus de las pieles en 2013 y la selección de la película para la competición en la Mostra de Venecia del pasado año, fue cuanto menos controvertida. La presidenta del jurado, Lucrecia Martel, dijo que vería la película pero no asistiría a la celebración de la gala, para evitar ofender a las víctimas de agresión sexual. Aun con esos precedentes la película El Oficial y el espía se alzó con el Gran Premio del Jurado y el Premio FIPRESCI en dicho festival.

En fin, 126 minutos que se pasan en un suspiro y que se disfrutan de principio a fin.

 

#CríticadeCine de #ElOficialYElEspía de #RomanPolanski, que obtuvo el Gran Premio del Jurado y Premio FIPRESCI en el Festival de Venecia. Buen #CineDeEstreno con @OrdunaMaite. Aprovechen para verla este #findesemana. Share on X

El oficial y el espía

Roman Polanski

 Festival de Venecia: Gran Premio del Jurado y Premio FIPRESCI

 Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor film, director, guion y actor

 

Una crítica de Maite Orduña Miró

Cine hasta el amanecer

 

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