Todo canon es, por definición, parcial, y por lo tanto, injusto.

La revista Granta, diez años después de la publicación de su primera selección de «Los mejores narradores jóvenes en español», emprende la tarea de publicar una nueva lista con los que ellos consideran los mejores narradores en español actuales de menos de treinta y cinco años. Ello implica la primera injusticia: si en 2011 —después de la publicación de la primera selección— alguien de veintiséis años comenzó una carrera literaria brillante, se quedaría fuera de esta nueva selección «por viejo». No quiero ni pensar cuántos autores que lo merecen no han pasado la criba por esa cuestión absurda.

«Los mejores narradores jóvenes en español», @EdCandaya. Antología de relatos de los mejores narradores en español actuales de menos de treinta y cinco años. La lista de @GrantaEnEspanol. #Reseña: @AntonioTocornal. Share on X

En la primera lista había escritores hoy consagrados como Samanta Schweblin, Andrés Neuman o Alejandro Zambra, y otros que cayeron en el olvido.

El jurado encargado de esta nueva selección estuvo integrado por la directora de la Fundación Booker, Gaby Wood, los novelistas Horacio Castellanos Moya y Rodrigo Fresán, la ganadora del premio Pen-Faulkner 2020, Chloe Aridjis, el poeta y editor Aurelio Major, y la escritora y editora Valerie Miles.

Otros requisitos eran tener al menos una obra narrativa publicada, ya fuera novela o libro de relatos, y presentar una candidatura. A juzgar por algunos nombres ya consagrados entre los seleccionados, sospecho que también pesó el soporte editorial que hasta ahora han tenido (dos de las seleccionadas españolas han sido ya bestsellers con Panza de burro y Lectura fácil respectivamente). También afirman haber tenido en cuenta «una especial atención a las cualidades sonoras del lenguaje escrito; la renuncia al español «neutro» con el propósito de captar las cadencias y tonalidades de las diferentes variantes geográficas y sociales de nuestra lengua». Esta circunstancia, si bien figura como declaración de intenciones, no parece que haya pesado mucho a la hora de la verdad, ya que la mayoría de los relatos utilizan un idioma bastante estándar y sin demasiados localismos.

La prologuista, Valerie Miles, editora de Granta, destaca con orgullo la proporción de seleccionados cercana a la paridad: (14 hombres y 11 mujeres, es decir 56%-44%), cuando en realidad es lo lógico, ya que la proporción de candidaturas recibidas (112 hombres y 82 mujeres) era casi idéntica. Este es un tema que no habría que mencionar, ya que poco a poco la paridad llegará a ser una cosa natural y no forzada, y tal vez en un futuro no muy lejano, vayamos viendo que el número de escritoras relevantes será mayor que el de hombres, y nadie se llevará las manos a la cabeza si en una antología, por razones exclusivamente de calidad, se inclina la proporción hacia uno de los dos lados.

Aparte de este tema, hubo algo que me chirrió en el prólogo. Una voluntad reconocida de medir y demostrar hasta qué punto y de qué manera los movimientos del #MeToo estaban influyendo en la literatura, seguida de afirmaciones como «Las narraciones de muchachos en el burdel, o de violencia gratuita, nos parecían ahora insufribles, inequívocamente passé». ¿Estábamos ante un canon con censura previa? Sin haber acabado el prólogo, me pregunté si me disponía a leer una selección de «Los mejores narradores jóvenes en español» o si por el contrario era una selección de «Los narradores jóvenes en español más políticamente correctos». Me dio cierta pereza encontrarme con un canon del buenismo, forzando la inclusión de temas de moda o de consenso social, que son también los más comerciales, y dejando fuera los más incómodos independientemente de su valor literario, pero me dije que tal vez la culpa era mía por leerme el prólogo.

También dice la editora Miles: «Buscamos obras de la imaginación escritas en español…/… Nada de selfies pasados por el Photoshop para hacerlos colar por ficción. Relatos que se distancian de lo meramente testimonial, del muy cansino uso y abuso de la primera persona, de las figuraciones del yo».

Me pareció desafortunada la frivolidad de ese comentario, y me llegó a dar hasta pena ese desprecio a la «literatura del yo», como si se estuviese equiparando ese movimiento a un traje de la temporada pasada que había que desechar de inmediato porque llevara por ejemplo hombreras o cintura alta y por lo tanto ya es intolerable portarlo este año. Como si el primer editor que se atreviese a despreciar un movimiento que ha sido tan relevante en los últimos tiempos ganara puntos en modernidad.

Decidí, pues, olvidarme de la editora Valerie Miles, a quien por alguna razón imaginé consumiendo brunchs sin demasiado apetito en la terraza de un hotel mientras rechazaba una llamada tras otra, para emprender la lectura de esos veinticinco relatos y hacer con ellos mi propio canon. Los puntuaría del 1 al 5 según mi criterio personal de esta manera:

5: Maravilloso relato. Definitivamente innovador. Rompedor. Autor a seguir de cerca.

4: Calidad alta sin que me haya llegado a emocionar de forma rotunda. Atento a estos autores.

Las puntuaciones del 3 al 1 oscilarían entre lo interesante sin más hasta lo fallido, pasando por lo irrelevante o lo déjà vu. Emprendo la lectura con el deseo de encontrar pocos o ninguno a los que otorgar las puntuaciones más bajas.

Tras la lectura, comentaré los que me habrán parecido los mejores o me habrán llamado la atención, no mencionaré los demás, y concluiré con algunas generalidades sobre la selección si es que encuentro material relevante que comentar.

Pero ante todo, esta es la lista completa de seleccionados:

– Andrea Abreu, España, 1995
– José Adiak Montoya, Nicaragua, 1987
– David Aliaga, España,1989
– Carlos Manuel Álvarez, Cuba, 1989
– José Ardila, Colombia, 1985
– Gonzalo Baz, Uruguay, 1985
– Miluska Benavides, Perú, 1986
– Irene Reyes-Noguerol, España, 1997
– Munir Hachemi, España, 1989
– Cristina Morales, España, 1985
– Alejandro Morellón, España, 1985
– Aniela Rodríguez, México, 1992
– Andrea Chapela, México, 1990
– Aura García-Junco, México, 1989
– Mateo García Elizondo, México, 1987
– Camila Fabbri, Argentina, 1989
– Michel Nieva, Argentina, 1988
– Martín Felipe Castagnet, Argentina, 1986
– Dainerys Machado Vento, Cuba, 1986
– Eudris Planche Savón, Cuba, 1985
– Paulina Flores, Chile, 1988
– Diego Zúñiga, Chile, 1987
– Estanislao Medina Huesca, Guinea Ecuatorial, 1990
– Mónica Ojeda, Ecuador, 1988
– Carlos Fonseca, Costa Rica, 1987

Y tras la lectura, estos son las breves notas y comentarios de los relatos que a mí más me han gustado o sorprendido, por orden de aparición en la antología.

Los mejores narradores jóvenes en español

Los mejores narradores jóvenes en español. @GrantaEnEspanol @EdCandaya. Selección de los #relatos que más han sorprendido al escritor @AntonioTocornal. Share on X

Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador. 1988) Inti Raymi

Los mejores narradores en español. Revista Granta.

No parece que Granta haya corrido mucho riesgo con la inclusión de Mónica Ojeda, una autora consagrada y con novelas, poemarios y libros de cuento publicados por editoriales reconocidas y con infinidad de críticas positivas. El relato Inti Raymi narra un episodio en los alrededores de un poblado, durante una fiesta. Unos niños ejercen la violencia contra otro que parece que va a desvelar a los adultos un secreto relevante. Me ha recordado vagamente a El señor de las moscas. Ojeda es una autora potente, que sabe mantener ritmo y tensión en todo momento reservándose siempre la dosis de misterio necesaria. No hay sorpresa en este relato; es rotundo, como todo lo de Ojeda.

Los mejores narradores jóvenes en español. @GrantaEnEspanol @EdCandaya. Inti Raymi es un relato rotundo, como todo lo de @MonaOjedaF, una autora potente. @AntonioTocornal. Share on X

José Ardila (Chigorodó, Colombia. 1895) Juancho, baile

Con un estilo sobrio y directo y partiendo de una premisa muy sencilla —la narración en la voz de un niño sobre la relación de su entorno con Juancho, el «idiota» del barrio—, Ardila dibuja con cuatro pinceladas un retrato conmovedor y poético de la infancia en un barrio popular. Un relato muy conseguido y que toca la universalidad de la infancia.

Gonzalo Baz (Montevideo, Uruguay. 1985) Deshabitantes

Un relato que consigue construir un universo con pocas mimbres y también muy sencillas: un lenguaje sin florituras va tejiendo unas evocaciones que, como en el relato de José Ardila, construyen toda una infancia de barrio o el recuerdo de lo que fue. 

Andrea Abreu (Tenerife, España. 1995) Mi nuevo yo

Los mejores narradores en español. Revista Granta.

Sin ser un relato magistral, he disfrutado bastante con este cuento de Andrea Abreu. Ya había leído su singular ópera prima Panza de burro que se convirtió en un éxito de crítica y ventas, el mayor peligro que le puede sobrevenir a un escritor muy joven. Si bien me gustó mucho Panza de burro, me pregunté en su día si la autora se habría quedado atrapada en esa herramienta tan efectiva y efectista qué es la oralidad de las Islas Canarias o si sería capaz, en un futuro trabajo, de explorar fuera de esos parámetros. Leo este cuento aliviado constatando que así ha sido. Es un sencillo relato que nos describe con fina ironía ese perfil de personas neuróticas que todos conocemos y que intentan regir sus vidas con un cóctel de terapias alternativas: ayurveda, reiki, constelaciones familiares, aromaterapia, tarot, gemoterapia, etc., y que finalmente, para financiarse ese modo de vivir, acaban convirtiéndose a sí mismos en gurús de alguna especialidad y acaban vendiendo charlas de «lo suyo» a otros incautos como ella, pasando a formar parte de una rueda de estafadores involuntarios que se nutren de sus propias mentiras como en un circuito cerrado y que están dispuestos a dar por buena cualquier teoría basada en falacias y sin una base científica y ni siquiera lógica.

Camila Fabbri (Buenos Aires, Argentina. 1989) Nadie sabe lo que hace

Un relato de una prosa muy elaborada escrito por alguien muy leído y con gran talento. Los recuerdos por parte de la narradora de una infancia difícil en una familia desestructurada y con pocos recursos económicos. Fabbri no parece necesitar de un desenlace para cerrar la trama. Es de esos relatos que una vez que han creado un escenario se bastan a sí mismos para justificarse.

Aniela Rodríguez (Chihuahua, México, 1992) Días de ruina

Aniela Rodríguez acaba su presentación previa al relato Días de ruina con la frase «Entre otras cosas, también es hija de Pedro Páramo». Es indudable la influencia de Juan Rulfo en un cuento potentísimo y bien hilado, con la voz terrosa y amarga e los desheredados. Un hombre borracho deambula desubicado con el cadáver de su bebé en los brazos. Tremendo. Estaremos a la expectativa de nuevas obras de Rodríguez para ver a qué aboca una influencia tan desmesurada del maestro del cuento mexicano. 

Munir Hachemi (Madrid, 1989) Soporte vital

Un hombre aparece en mitad de la noche en la entrada de urgencias de un hospital cargando con el cadáver de su abuela, y convence a unos conductores de ambulancia para que lo transporten hasta su pueblo natal. Un relato con una buena dosis de tensión y algo de misterio. Muy logrado. 

Irene Reyes-Noguerol (Sevilla, 1997) Niños perdidos

He tenido que incluir el relato Niños perdidos porque es un buen relato narrado con lírica y con mucha tensión —aunque para mi gusto demasiado tremendista—, y lo hago como una apuesta a futuros. La autora tiene tan solo veinticuatro años y estoy convencido de que tiene madera de escritora y de que oiremos hablar de ella. 

Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, Cuba. 1989) Cerezos sin flor

Un autor que maneja una sólida madurez narrativa. El cuento Cerezos sin flor narra una vez más —parece ser un tema recurrente— unos recuerdos de infancia; en esta ocasión alrededor de la muerte de una abuela, y lo hace con gran despliegue de sensibilidad.

Diego Zúñiga (Iquique, Chile, 1987) Una historia del mar

Un relato muy bien construido con un lenguaje clásico pero que funciona para construir la ambientación. Narra el reclutamiento de un pescador local para participar en campeonatos de pesca submarina y termina con un macabro hallazgo bajo el mar relacionado con el régimen represor chileno.

Cristina Morales (Granada, 1985) Oda a Cristina Morales

Los mejores narradores en español. Revista Granta.

Metida a lo justo porque casi se pasa de los treinta y cinco años, habría sido una lástima no incluir a toda una Premio Herralde mediática y bestseller. Disfruté mucho con la ironía, el humor y la tensión de su Lectura fácil. En su Oda a Cristina Morales habla de los logros deportivos de algunas luchadoras de kickboxing, y de una en concreto que se llama igual que la autora. Lo hace en clave de reivindicación feminista sin ambages que incluye ajustes de cuentas con periodistas con nombres y apellidos. Humorístico, ácido, reivindicativo e incómodo a partes iguales, es el ejemplo perfecto de lo que andábamos buscando en este libro: textos que nos descolocasen, que nos hiciesen sentir que nos vestimos con ropa de otra persona, que estamos en el sueño de otro, o que nos hablan en un idioma que apenas dominamos. Ha tenido que ser el último de todos —un acierto editorial colocarlo en último lugar— pero ha llegado. 

Los mejores narradores jóvenes en español @GrantaEnEspanol. Humorístico, ácido y reivindicativo, el relato de #CristinaMorales es el ejemplo perfecto de lo que andábamos buscando en este libro. #Reseña: @AntonioTocornal. Share on X

De los veinticinco relatos propuestos en este canon, mi subcanon personal e intransferible está compuesto por estos once. Si bien otros están también muy bien, tal vez sus autores no merezcan aún la clasificación de «los mejores narradores etc.».

Entre el resto de relatos que no he comentado he encontrado varios (bastantes) cuya temática  incluye aspectos muy actuales como lo queer, la reasignación de género, el amor o la atracción física diversa o no heterohegemónica, e incluso algunos relatos narrados con un «lenguaje inclusivo» forzado con el que yo no comulgo (llámenme señoro si gustan). En una reseña anterior a esta, el crítico y escritor David Pérez Vega ya señalaba algo al respecto y no puedo estar más de acuerdo con él.

Independientemente del tema, siempre intento encontrar en narradores jóvenes voces audaces, nuevas formas de narrar que abran puertas. Tenía la esperanza de que me sacudiesen nuevas formas de ver el mundo por parte de los escritores de las nuevas generaciones, que me sorprendiesen o me dejasen descolocado, pero en casi todas las ocasiones he encontrado repeticiones de estilos ya superados, aunque a menudo aderezados por estas supuestas trasgresiones —descafeinadas por ser ya mainstream—, y me he preguntado qué ha motivado realmente a los seleccionadores a incluir a estos autores. Si no ha predominado más la forma que el fondo; si no han confundido la innovación literaria con la elección de una temática de moda y que goza de un amplio consenso entre la progresía. ¿Intereses comerciales sin más? Podría haber algo de eso. Por otra parte, algunos autores han optado por participar con fragmentos de novelas en lugar de relatos cerrados, y no han conseguido acaparar mi atención tal vez por quedarse en meras presentaciones de obras más ambiciosas.

Conclusión: todo canon es incompleto e injusto; en este hay para todos los gustos y solo queda que cada lector determine sus preferencias. Había sido más acertado que el título hubiese sido «Algunos de los mejores narradores jóvenes en español y otros que no tanto», aunque en cualquier caso mi selección personal —once de veinticinco— ya me parece que justifica una lectura por mi parte.

Granta. Los mejores narradores jóvenes en español

Editorial Candaya, 2021

352 páginas

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Una reseña de Antonio Tocornal
Montaje de la portada de la reseña: David de la Torre

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