El 31 de octubre de 2010 se estrenaban los primeros sesenta minutos del capítulo piloto de The Walking Dead, serie de culto del creador y productor Frank Darabont que está basada en la serie de cómics homónima creada por Robert Kirkman y Tony Moore.

Las claves del éxito de #TWD en sus 7 temporadas. Con #Spoilers (ya qué más da). @XavierAlcover Clic para tuitear

La sensación inicial fue positiva porque los primeros anuncios de la serie dejaban entrever un escenario apocalíptico zombie clásico, es decir, un mundo distópico infestado de muertos vivientes.

Irremediablemente te hacían evocar al filme sesentero más genuino de George A. Romero, La noche de los Muertos Vivientes, o al icónico Thriller de Michael Jackson, el shortfilm dirigido por John Landis, o incluso a los mil y un filmes ochenteros de serie B.

En efecto, zombies de los que caminan lentamente y cuya amenaza más inmediata —además del terror y angustia que provocan tanto en los protagonistas como en los espectadores— es ser rodeado y devorado por ellos.

La apuesta de Darabont con The Walking Dead me pareció interesante, ilusionante, aunque bastante arriesgada, puesto que, desde finales de los noventa hasta el segundo lustro del siglo XXI, las películas de zombies habían evolucionado por una cuestión de necesidad, puesto que la lentitud que ha caracterizado siempre a los muertos vivientes que salen de sus tumbas había dejado de tener recorrido: asustaban mucho, pero los protagonistas seguían corriendo más que ellos. Y este aspecto era algo que debía resolverse de inmediato porque lo que es clásico se convierte en previsible, reduce tensión e incluso provoca la risa.

Es por esto que, seguramente, parodias irreverentes como La divertida noche de los zombies en 1985, se hicieron en clave de humor y con un cariñoso guiño a George A. Romero.

Sin embargo,  la gran evolución cinematográfica llega en 2002 de la mano del director Danny Boyle con la aclamada y sorprendente 28 Días Después, película británica que le da una vuelta de tuerca —nunca mejor dicho— a los muertos vivientes, aportándoles mayor velocidad, superando incluso a la carrera a cualquier ser humano perteneciente a ese mundo apocalíptico.

A partir de ese momento, los zombies regresan pisando fuerte en la gran pantalla, corriendo más y causando, como en los clásicos, el pánico y el horror a todo aquel superviviente que se cruzara por su camino. No hay espacio ya para el humor, pues a los protagonistas de nada les sirve ya correr y, en consecuencia, el espectador (que suele desear meterse en la piel de los protagonistas) tampoco tiene escapatoria.

La tendencia se mantendría con Soy Leyenda, filme de 2007 dirigido por Francis Lawrence y protagonizado por Will Smith, estrella consagrada de Hollywood a partir de su famosa irrupción en Independence Day, el ya clásico filme apocalíptico alienígena de mediados de los años noventa.

Es por esta razón que «regresar» a los clásicos caminantes torpes y horribles era, a mi parecer, una apuesta muy arriesgada. Sin embargo, por fortuna, en este planeta, románticos del cine de terror los hay a cientos, miles e incluso millones.

The walking dead

En su primera y única temporada en The Walking Dead —fue despedido al final de esta por motivos de presupuesto—, Frank Darabont apuesta por la renovación del género de los muertos vivientes. En el episodio de Atlanta, podíamos ver cómo los zombies subían escaleras o miraban debajo del tanque donde se escondía Rick. Eran más ágiles e inteligentes. También en este episodio se ofrecían pistas sobre el inicio del apocalipsis que hubieran llevado a describirlo en posteriores entregas. Siempre nos quedará la duda.

N. de la E.

Una de las claves del éxito de The Walking Dead no es solamente el factor «retro» y «romántico» sino el formato «serie moderna» que hace que los espectadores puedan conocer mucho más a fondo a sus protagonistas y los entresijos de sus vidas, observando de cerca su evolución de personas «normales» a personas «viviendo circunstancias anormales», lo cual provoca que simplemente deban adaptar sus vidas del modo menos traumático posible a ese nuevo mundo apocalíptico.

Los #zombies de Darabont eran más ágiles e inteligentes. #TWD @XaviAlcover Clic para tuitear

El primer capítulo de la primera temporada de The Walking Dead supone todo un shock para el gran público

Rick Grimes (Andrew Lincoln), el protagonista, es un policía de Georgia que despierta de un coma en un hospital y se encuentra a bote pronto viviendo una pesadilla que es más real que su propia herida de bala. Allí encuentra a un superviviente, Morgan Jones (Lennie James), un personaje afroamericano —que no volverá a ver hasta muchas temporadas después— que le dice que en Atlanta hay esperanza: el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades.

La evolución de Rick Grimes a lo largo de las siete temporadas está marcada por su radicalización. El instinto de supervivencia y la defensa de su familia y comunidad harán que pase por distintos estadios hasta tomar una dura pero necesaria determinación: todo está justificado si sirve para defender a los suyos.

N. de la E.

En su camino hacia Atlanta y tras poder contemplar con sus propios ojos la dura realidad de su nuevo mundo, Rick encuentra milagrosamente a Lorie, su mujer, y a Carl, su hijo, junto a un grupo de supervivientes refugiados, entre los cuales se encuentra su antiguo compañero policía y amigo de la época preapocalíptica, Shane Walsh. Todos ellos se daban por muertos los unos a los otros, así que una nueva esperanza resurge desde el punto de vista de nuestro protagonista.

En este punto The Walking Dead está en su pleno despegue, pues los zombies, a pesar de ser lentos y torpes, están por todas partes, son repulsivos y terribles y han provocado el caos en las ciudades y en muchas zonas rurales. Respecto a las causas de dicho apocalipsis zombie poco se sabe y poco se sabrá tras la séptima temporada y dudo que en la octava revelen algo más.

Y este es el gran fallo de la serie, pues nunca se sabe qué ha pasado o qué está ocurriendo a nivel internacional, si hay alguna suerte de nuevo orden mundial, si hay nuevas civilizaciones posapocalípticas, o si simplemente reina el caos y la anarquía en todos los países del mundo donde las gentes sobreviven en estériles refugios (granjas), poblados rurales intactos y fortalezas improvisadas bajo las nuevas reglas de las comunidades posapocalípticas, dirigidas a menudo por líderes sectarios con esbirros criminales.

Y es que, en efecto, se trata de sobrevivir y, por tanto, la sociedad es un gran desorden, un mundo sin ley, sin derechos y sin obligaciones ni ordenamiento jurídico alguno.

Por lo tanto, la apuesta de Frank Darabont con The Walking Dead es todo un éxito en su primera temporada, los caminantes son los antihéroes perfectos de siempre y los supervivientes son la clásica resistencia integrada por seres humanos. Pero las cosas no son tan simples.

Un triángulo amoroso posapocalíptico y una prisión abandonada

Llegados a este punto, los seres humanos estan en una fase de shock y de adaptación (hay gente que no quiere seguir viviendo y otros que no tienen más remedio que seguir caminando). Los zombies están ahí y asustan sobremanera, pero la serie se sostiene también gracias a las intensas relaciones entre los protagonistas y es por eso que Darabont aprovecha la vieja fórmula de éxito del «triángulo amoroso». Todo un acierto por parte del equipo de The Walking Dead (ya sin Darabont a partir de la segunda temporada). Lorie y Shane mantienen una relación amorosa probablemente por necesidad, porque el miedo une y sobretodo porque creían que Rick estaría muerto. Del mismo modo, Rick suponía que su mujer Lorie, Shane y su hijo Carl tampoco habrían sobrevivido a la hecatombe.

Rick no está muerto. Así que ni me mires, Shane.

A lo largo y ancho de los episodios de The Walking Dead, Rick y Shane liderarán una pequeña comunidad de supervivientes, reclutarán a personas de buena fe y (atención, #Spoiler) se embarcarán con determinación en la búqueda de Sophia, la niña perdida de una integrante del grupo, Carol.

Merced a ese gran objetivo, la vida cobrará un nuevo sentido y a pesar de los lazos de unión por su pasado y de su liderazgo compartido, ambos expolicías vivirán un conflicto permanente y prácticamente sin solución: Lorie está enamorada de ambos y ambos están enamorados de Lorie. Sin embargo, el bueno de Rick reclamará sus derechos históricos en detrimento de la nueva y legítima relación de Shane con Lorie. A con ello, estando Carl de por medio, con su madre y con dos figuras masculinas realmente influyentes.

Durante la segunda temporada el interés por la serie se mantiene intacto. El triángulo amoroso sigue su curso, las tensiones siguen existiendo, pero la supervivencia está por encima del amor y ambos líderes se necesitan. Así las cosas, el grupo de Rick y Shane logra contactar con otra comunidad localizada en una granja.

Allí, su líder, Hershel Greene vive con sus dos hijas y un grupo de gente allí refugiada. Hershel es veterinario y ejerce como médico improvisado, logrando salvar la vida de Carl, alcanzado fortuitamente por la bala de un cazador. En ese instante las dos comunidades se fusionan y Hershel se erigirá en un auténtico líder moral, no solo por ser el «médico» del grupo, sino por su gran experiencia y calidad humana.

Sin embargo, pronto deberán abandonar aquella granja idílica, lo cual les indicará a todos y a todas que es muy complicada la vida sendentaria en el sentido literal del término y que la única opción de supervivencia es regresar a la vida nómada. El tema de Sophia queda finalmente zanjado y el grupo se dirige cual pollos sin cabeza hacia un destino mejor. Shane desaparece del mapa y Rick se erige en la máxima autoridad de la comunidad de supervivientes, reclutando a personajes nuevos con tintes de héroe, como la flamante Michonne (Danai Gurira) cuya irrupción en la serie es sencillamente espectacular. Así pues, cada personaje tendrá su rol en el grupo, los líderes guerreros, por una parte, y los líderes morales que preservan el buen hacer y la humanidad del grupo.

¿No os recuerda Michonne a la Selena de 28 Días Después? Dos mujeres que se enfrentan al enemigo, armadas, la primera, con una katana, mientras que la segunda usa un machete ante el cual solo cabe el respeto. Dos mujeres que se muestran inflexibles ante la amenaza pero guardan intacta su capacidad de entrega.

N. de la E.

Poco a poco, la comunidad de The Walking Dead se cohesiona y aprende técnicas para combatir a los Caminantes y, de ese modo, paulatinamente van perdiendo el miedo. En este punto, la serie tiene visos de irse al garete. Los zombies siguen siendo una amenaza, pero no solo se les combate con más eficacia sino que se les empieza a mantener a raya en el instante en el que encuentran en medio de un bosque una prisión abandonada con sus vallas de seguridad intactas.

Cuando logran limpiar la zona de zombies, la comunidad se instala de nuevo en el sedentarismo (incluso tratan de crear un huerto) siempre bajo el mando de Rick, un líder de estilo claramente democrático y que cuenta con las opiniones de otros líderes secundarios como el propio Hershel, Glenn, Michonne o Daryl, un personaje muy interesante por su pasado como hombre privado de libertad que, paradójicamente, en esa temporada «regresa a prisión» como un hombre libre. Más adelante hablaré sobre este personaje que poco a poco se irá convirtiendo en un nuevo héroe del mundo postapocalíptico.

El primer villano de The Walking Dead: El Gobernador

Si este villano te dio miedo, espera a conocer a Negan

Con la irrupción de Woodbury, una comunidad tirana enemiga y sedentaria, los zombies pasarán a ser un mero telón de fondo, horrible y molesto —siempre estarán ahí como una amenaza—, pero pierden protagonismo y, en este punto, The Walking Dead está, y nunca mejor dicho, «muerta».

Sin embargo, irrumpe con fuerza un nuevo antihéroe: el Gobernador, un tirano rodeado de auténticos cazadores (entre ellos, el ex convicto y hermano de Daryl) que dirigen una comunidad sectaria aunque aparentemente integrada y perfumada de normalidad. La extraordinaria figura del Gobernador y su pretensión de dominar los recursos humanos y materiales de Rick y cía mantendrán a flote el interés de la serie. Esta experimenta un giro radical: insisto, los zombies pasan a segundo plano y The Governer se apodera de la serie, un hombre perdido, sin esperanza, sin escrúpulos, con afán de poder y con una hija zombie que mantiene escondida en el armario de su habitación.

Tras la temporada de la prisión y la muerte del Gobernador obviamente la serie The Walking Dead experimentará previsiblemente un bajón considerable. La comunidad de Rick, que ha logrado conquistar los aposentos del Gobernador, eliminará a sus perros rabiosos y liberará  e integrará en su seno a la gente de Woodbury que había vivido bajo su yugo. Como digo, la amenaza de los zombies no desaparece y estos siguen presionando alrededor de la prisión, la cual, finalmente, deberán abandonar. Vuelta a la vida nómada y sin esperanza.

Muertes necesarias para el desarrollo de la acción. Una de las primeras (cuarta temporada), importante y estremecedora, es la de Hershel, personaje cuyo peso moral crea lazos de empatía que trascienden la pantalla.

N. de la E.

La estabilidad relativa vivida en la prisión desaparece y los personajes se enfrentarán a un destino incierto. Tras la temporada de la prisión, sinceramente, sigo enganchado a la serie para que me expliquen de una vez por todas qué ha pasado en el mundo. Pero los capítulos se van sucediendo y sigue sin suceder, valga la redundancia, nada. Pero sigo viendo la temporada nueva por inercia, porque sino estaría huérfano de series y, claro, un «serieadicto» necesita también «sobrevivir».

No abandono y sigo viendo The Walking Dead, pero hay capítulos que me aburren, en los cuales no aparecen ya ni zombies, solo se obvian. Y algunas situaciones no son muy interesantes. Algún capítulo quizá consigue captar tu atención mínimamente pero la serie va o parece ir siempre sin rumbo, al igual que los protagonistas.

Hay un cambio sustantivo en el líder, en Rick, a partir de la muerte de Lorie y a pesar del nacimiento de su hija ilegítima (Judith) se vuelve oscuro y tirano, parece que va a perder la cabeza por completo, aunque se irá recuperando muy lentamente y acabará regresando a la senda del buen hacer democrático.

En general, los personajes experimentan una evolución increíble, algunos se vuelven héroes, otros aparecen más adelante, como Abraham y Rosita, dos militares que van a la deriva en busca de una esperanza en algún lugar.

También hay personajes débiles e irrelevantes pero que, de alguna manera, conectan mucho con la gente normal. Poco a poco, el espectador se irá identificando con todos los miembros del grupo, incluso con Carol, la madre de Sophia, irrelevante durante muchísimos episodios y que, finalmente, se erigirá, contra todo pronóstico, en una auténtica líder. Daryl, precisamente, sentirá algo muy especial por ella (y será recíproco), aunque nunca consta que lleguen a «acostarse juntos».

Carol es, quizás, el personaje cuya evolución está más marcada. La desaparición y posterior muerte de su hija hacen que se replantee su papel dentro de la comunidad. La mujer maltratada y sumisa se convierte en una máquina de matar. Y nos gusta.

N. de la E.

Irrumpen los caníbales y Carol salva la situación

La serie va perdiendo fuelle pero, por contra, va presentando nuevos personajes y consolidando a otros (vamos conociendo mejor su pasado) y esa es su principal baza. Siguen, al igual que el espectador, sin rumbo, perdidos en la intemperie y a cielo abierto hasta que deciden seguir una vía del tren y unas indicaciones de un lugar llamado Términus. Así pues, la esperanza sigue viva pero esta se hace esperar y en esa espera se suceden muchísimos capítulos de transición.

Sin embargo, hay un nuevo factor que, bajo mi punto de vista, inyecta a la serie una dosis extra de interés: la comunidad humana de Términus que, ante la falta de recursos, se ha vuelto caníbal.

¿La matanza de Texas? No: Terminus. Si no has visto la serie y piensas hacerlo, cuidado, este es un #SPOILER  rotundo. Y muy gore.

Un acierto extraordinario que hace que sigamos durante más tiempo enganchados a esa droga llamada The Walking Dead. Los zombies pasan a ser enemigos secundarios, mera carne para escenógrafos porque donde ocurren cosas peligrosas es entre diferentes bandos de seres humanos.

Por contra y por contraste, la forma de sobrevivir de Rick y compañía siempre ha sido el pillaje, la caza y el fallido intento de crear un huerto en el patio de la prisión. Sin embargo, los caníbales acaban perdiendo fuelle también tras numerosos capítulos de The Walking Dead.

Nuestra comunidad logra finalmente superar el escollo de los devoradores de hombres y mujeres.

¿Y después qué? ¿Quizá nos explicarán de una vez qué diablos ha pasado en el mundo? Pues no. Y mi cabreo pasa a ser monumental. Estoy a punto de dejar la serie pero, cuando menos te lo esperas, los guionistas de The Walking Dead vuelven a acertar de pleno.

Confirmado: #TWD y #FearTWD tendrán un #crossover en 2018. @XavierAlcover Clic para tuitear

El puto amo. Cada vez que Daryl Dixon aparece en pantalla, la AMC sube su ranking de audiencia. El outsider se convierte en el miembro mejor integrado de la comunidad a pesar de su actitud rebelde y de sus ausencias. Creemos, sin temor a equivocarnos, que su ballesta, cazadora y moto son, junto a sus estratégicas greñas, los fetiches más deseados de sus inumerables clubs de fans. Norman Reedus compone un personaje lacónico, dotado de una notable capacidad de sufrimiento y un código moral férreo en el que destaca la lealtad y compromiso con las personas a las que ha decidido defender.
Es un tipo estoico, con recursos.
Y trae ardillas para la cena.
El puto amo.

N. de la E.

#Daryl, el puto amo en #TWD: Trae ardillas para cenar. Un artículo de @XavierAlcover Clic para tuitear

El paraíso perdido: Alexandría

Rick y cía van sin rumbo y topan con la comunidad de AlexandrÍa, una comunidad de personas que nunca han salido al exterior y que no saben cómo contrarrestar a los zombies. Allí viven con recursos y en paz, pero Rick quiere hacerse con el control de la comunidad, de sus recursos (armas, comida, personas…) enseñarles el mundo real y que aprendan a defenderse, pero el plato fuerte de la temporada de Alexandria está en un cambio de perspectiva: será la comunidad de Rick una comunidad tirana.

¿Se han vuelto «malos» como el Gobernador y someterán a la buena gente de Alexandría a sus nuevas reglas? Hay una lucha de poder entre Rick y la presidenta de Alexandria, una política de la época pre-apocalíptica. Los locales no confían en Rick y este no puede soportar tanta debilidad.

Él quiere hacerlo a su manera, la líder de Alexandria quiere integrar a nuestros protagonistas pero a cambio no quiere armas en su comunidad y las acabará requisando, aunque finalmente Rick impondrá irremediablemente su visión realista del mundo. Ese contraste es lo más interesante de esa temporada, porque te hacen dudar, por su trato rudo y duro con la buena gente de Alexandria, de la humanidad de nuestros protagonistas.

Superado ese escollo, la serie se esfuerza en introducir elementos que rompan la situación de paz duradera en el poblado entre ambos bandos, como nuevos triángulos amorosos, noviazgo adolescente entre Carl y una chica, búsqueda de las armas requisadas y guerra por el poder entre bandos, aunque, finalmente, se impondrá el sentido común: el enemigo son los muertos vivientes.

#SPOILER 7ª TEMPORADA. Y le ha tocado el turno a Carl Grimes, el hijo de Rick. Todos los indicios de su evolución nos llevan a vaticinar que Carl será el as en la manga de TWD. La inocencia del niño de las primeras temporadas da paso a un adolescente endurecido por sus experiencias traumáticas (es herido en el estómago cuando apenas tiene 10 años, se ve obligado a matar a su madre, presencia el exterminio de sus compañeros, pierde un ojo…). Carl no tiene miedo a la muerte, es osado y tiene poco que perder. Recordemos que el asesino más brutal de la serie se dirige a él como el futuro serial killer. ¿Será cierto? Lo que sí parece evidente es que tenemos Carl para rato. Quizás, incluso, llegue a ser el único superviviente.

N. de la E.

Los capítulos de transición, que te cuentan el pasado de uno u de otro protagonista, hacen que sigas por inercia enganchado a la serie, pero la parte de Alexandria, por supuesto, también pierde fuelle. Todo cansa y se hace demasiado largo, siguen sin decir nada sobre lo que ha ocurrido en el mundo. Parece que esa era la idea inicial de Darabont, aunque este fue cesado tras su primera temporada, dejando al gran público sin las respuestas más elementales: ¿Habrá en la Tierra nuevas comunidades civilizados y organizados y nada sectarias donde uno pueda ir a vivir con tranquilidad y dignidad?

#CarlGrimes, el futuro #SerialKiller según Negan. ¿Será el único superviviente #TWD? @XaviAlcover Clic para tuitear

El villano por excelencia de The Walking Dead

La incerteza desespera, los protagonistas siguen caminando sin rumbo, los caminantes ya no nos dan miedo y las guerras entre comunidades acaban siendo el pan de cada día. Sin embargo, de pronto, cuando todo parecía irse definitivamente al garete, The Walking Dead incorpora a la extraordinaria figura del nuevo antihéroe:

Negan (Jeffrey Dean) es sin duda uno de los mejores personajes de The Walking Dead

«Ella se llama “Lucille” y es sensacional».

Él solito ha aguantado la serie poniendo en situación de jaque a Rick y compañía e incluso asesinando (con Lucille, su bate de béisbol) a varios protagonistas líderes consagrados. El clímax y el nivel de tensión que alcanza la serie antes del asesinato a suertes de dos miembros de la comunidad de Rick es prácticamente insoportable. Todos los miembros de la comunidad aparecen arrodillados y Negan canta «pito, pito, Gorgorito, dónde vas tú tan bonito» para decidir a quién de nuestros amigos eliminará. Brutal nivel de brutalidad.

Maggie: «Porque Glenn escogió estar ahí ese día hace mucho tiempo. Esa fue la decisión que lo cambió todo».

Con Negan, y ya sin los zombies como plato fuerte, sigue habiendo serie para rato. Negan es un psicópata brutal, aparentemente tranquilo, que también divierte (sobre todo porque él mismo se divierte con el sufrimiento ajeno), no parece tener dudas ni miedo de nada y su sonrisa cautiva (incluso cuando un tigre salta a comerse a uno de los suyos él no pierde su buen humor). Además de Negan, los protagonistas, en situación de máxima inferioridad, son ya unos héroes hechos y derechos, de modo que The Walking Dead se mantiene no solo a flote, sino que sube instantáneamente hasta las nubes.

¿Qué más se puede pedir?

 

 

¿Qué más se puede pedir? Una octava temporada que nos mantenga en vilo. Caiga quien caiga, ¿verdad, Carl?

 

Un artículo de Javier Alcover