Resulta fácil entrevistar a alguien a quien conoces. A Iván Repila le conocí en Valencia, de promo con su libro Prólogo para una guerra. Luego tuve la suerte de leer su fábula El niño que robó el caballo de Atila. Con estos mimbres, cuando le eché al ojo a El aliado no me lo pensé. Reconozco que el tema del feminismo y alrededores es como las matemáticas, necesario pero según quien te lo explique le coges o no manía. A riesgo de meterme en un zarzal, prefiero que sea Iván quien ponga la réplica a mis preguntas, y no solo sobre el libro. Ya adelanto que el epílogo de El aliado lo firma una mujer; otra bilbaína, como Iván, la también escritora Aixa de la Cruz.

El escritor bilbaíno @IvanRepila conversa con nuestro compañero @GinsVera1 sobre su última novela #ElAliado. El epílogo es de la escritora @aixadelacruz. @Seix_Barral @Planetadelibros. #feminismo #violencia #escritura. Share on X

Entrevista a Iván Repila: «Que no se nos olvide que alguien como yo, en general, es la representación pura del privilegio»

Ivan Repila: Lo que mueve el mundo o destruye imperios ha de ser el deseo

Ginés Vera: —¿Cuando surgió la idea de escribir El aliado? ¿Qué fue lo primero que pensaste sobre la reacción de la novela al llegar a las librerías?

Iván Repila: —No estoy seguro de cuándo surgió la idea específica, lo más probable es que fuera un destello repentino al que poco a poco fui dando forma en mi cabeza, pensándolo en términos narrativos, hasta que me puse a escribir. Sí recuerdo que en mi entorno se hablaba mucho de feminismo, del 8 de marzo, de autoras y lecturas a las que yo no me había acercado nunca, y eso me llevó a descubrir mi absoluto desinterés histórico por la lucha feminista, el activismo o la teoría. Lo peor es que tardé en darme cuenta de que debía hacer un importante trabajo personal —conmigo mismo— para poder comprender lo que estaba sucediendo a mi alrededor, lo que me estaban pidiendo, lo que debía revisar y corregir. Volviendo al proceso de escritura, lo cierto es que en ese momento no pensaba en la reacción, ni en las librerías, ni en otra cosa que no fuera el libro, al menos hasta que se lo presenté a mi editora.

Ginés Vera: —Tus dos últimos libros tienen un puntillo de beligerancia; este se titula El aliado y hay una buena dosis de enfrentamiento. Tu anterior novela se titula Prólogo para una guerra. ¿Hay que estar preparados para lo que se nos avecina? ¿Compartes esa máxima de Publio Flavio Vegecio: Si vis pacem para bellum?

Iván Repila: —De hecho, creo que la beligerancia o la reflexión sobre la violencia está presente en todos, también en El niño que robó el caballo de Atila y hasta en Una comedia canalla. Es algo que me interesa, me inquieta y supongo que, a nivel personal, más allá de la literatura, me obsesiona. Desde luego, creo que debemos estar preparados para un futuro oscuro, aunque yo apueste por un trabajo colectivo para conseguir un planeta más habitable y más justo: basta mirar la realidad con los ojos de la imaginación para saber que nos esperan décadas duras, nuevos autoritarismos, nuevas pandemias, nuevos errores que se sumarán a los errores viejos. Y no, no necesariamente comparto la cita: esa es mi duda, hasta qué punto la violencia refrenda miserias o puede corregirlas, su utilidad, su sentido o todo lo contrario, y quizá por eso escribo siempre sobre ello.

#Entrevista @IvanRepila: «Esa es mi duda, hasta qué punto la violencia refrenda miserias o puede corregirlas, su sentido o todo lo contrario, y quizá por eso escribo siempre sobre ello». @GinsVera1. @Seix_Barral @Planetadelibros. Share on X

Ginés Vera: —Leo que El aliado está concebida como una novela con un pie en el realismo y otro en un posible futuro. ¿Tiene entonces algo de utópico, de distópico o de ficción especulativa sin más? ¿Querías agitar/agitarnos conciencias a tus lectores o hay algo más que no vemos a lo teoría del iceberg de Hemingway?

Iván Repila: —Si es una utopía, una distopía o una ficción especulativa lo deben decidir los lectores, cada uno en función de su lectura y su experiencia personal; la novela comienza con un dibujo realista e inmediato y poco a poco se mueve hacia un futuro —cercano— donde algunas cosas han cambiado. Mi intención era plantear un escenario conocido y doblarlo en distintas direcciones desde una distancia satírica, crítica, autoconsciente, con el objetivo de que escociera, en primer lugar, pero que invitara a seguir leyendo para que el rasponazo no se percibiese hasta más tarde.

«Si #ElAliado es una utopía, una distopía o una ficción especulativa lo deben decidir los lectores, cada uno en función de su lectura y su experiencia personal» #Entrevista @IvanRepila por @GinsVera1. @Seix_Barral @Planetadelibros. Share on X

Ginés Vera: —Además del machismo y el movimiento feminista, también descubrimos una curiosa historia de amor en El aliado. Una tragedia romántica moderna que de algún modo da sentido a las motivaciones del protagonista. ¿El amor mueve el mundo, levanta imperios y los destruye?

Iván Repila: —No creo. Por un lado, debemos tener en cuenta que existen muy distintas formas de amor y de amar, la perspectiva romántica me parece un parte muy pequeña de algo mucho más complejo. Por otro, creo que el tópico se confunde: lo que mueve el mundo o destruye imperios ha de ser el deseo, que a veces tiene que ver con el amor y a veces no. A partir del deseo me es fácil imaginar otras pulsiones: la venganza, el hambre, el odio…

«Lo que mueve el mundo o destruye imperios ha de ser el deseo, que a veces tiene que ver con el amor y a veces no». #Entrevista @IvanRepila por @GinsVera1. #ElAliado @Seix_Barral @Planetadelibros Share on X

Ginés Vera: —Creo que entre los temas de fondo de El aliado están el del deseo, la libertad y el miedo a la libertad. Y entre ellos no me resisto a preguntarte por una frase. Aparece en la novela y no es nueva. «La revolución será feminista o no será». ¿Qué ha de pasar para que haya una verdadera equidad entre mujeres y hombres? ¿Cuál ha de ser la chispa, la pólvora? ¿Habrá más de dos bandos en esa revolución?

Iván Repila: —Supongo que la respuesta breve y cínica es: lo que tiene que pasar es mucho tiempo, por desgracia. En ese lapso, todos los hombres debemos hacer un trabajo de revisión, autocrítica y corrección que, a día de hoy, me parece utópico, si observo cómo reaccionan ante el avance del feminismo los grupos más conservadores (políticos, medios, etc.), que niegan cualquier posibilidad de aprendizaje desde un machismo y una misoginia evidentes. Es lo que solemos hacer los hombres: resistirnos a reconocer nuestros errores y nuestros privilegios. Ha habido pequeñas chispas, por usar tu término, que han despertado la conciencia en distintos segmentos de población, como el MeeToo o el caso de la Manada (por mencionar dos), pero los avances en una dirección, como es sabido, inmediatamente provocan una reacción en dirección contraria, y así es muy difícil avanzar. Lo asombroso es que esas fuerzas reaccionarias también provienen de sectores progresistas, de gente cercana asumida como de izquierdas, a quienes «eso del feminismo» les suele parecer algo completamente superado, o sobre lo que no necesitan trabajar porque «son feministas», o que ante determinadas circunstancias (por ejemplo, una pandemia; o una crisis económica; o cualquier otro acontecimiento, en realidad) debe ponerse en segundo plano «porque hay cosas más importantes ahora». ¿Qué hacemos con toda esta gente bienintencionada, querida y, no obstante, sumida en una ignorancia y un egoísmo descorazonadores? Así las cosas, sería imposible hablar de bandos, me temo, porque no podemos rechazar radicalmente o aislar de golpe a muchas personas cercanas, familiares, amigos. No en términos bélicos, al menos. Esto es una cosmovisión, pero los discursos están llenos de adversativas, y esa es la batalla que debemos ganar: no se le pueden poner «peros» a la búsqueda de un mundo más igualitario y más justo.

Ginés Vera: —Uno de los pasajes de El aliado es muy curioso. En un supuesto hilo de Twitter alguien comenta que «el feminismo no persigue en puridad la igualdad entre hombres y mujeres. […] la igualdad es utópica». ¿Qué parte de verdad hay en esto?, he leído con idéntica curiosidad eso del «juego de la semántica» en el que nos movemos socialmente y quería que nos lo comentases.

Iván Repila: —En realidad, está inspirado en un hilo de Twitter de verdad. Casi todo lo que hay en el libro tiene su base en textos, citas, frases que he oído, comentarios o discursos a los que he prestado atención. Aquí entramos en el terreno de la teoría, que es algo que voluntariamente quise excluir de la novela —salvo en términos muy básicos, o con pequeños pasajes más o menos escondidos— porque el riesgo de caer en el ensayo y diluir la propuesta narrativa (trama, ficción, personajes, aventuras) era muy grande, y sobre todo porque, en mi opinión, el trabajo más importante —del que ya he hablado antes— es muy simple, solo necesita un espejo y humildad. Entrar a discutir hasta qué punto la igualdad es utópica porque hay derechos que corresponderían solo a las mujeres o son inaplicables a los hombres, o (derivado de lo anterior) quién es el sujeto del feminismo, o en qué consiste la deconstrucción, la abolición del género o la teoría queer, etcétera, me parece que son cuestiones y temas para las que hace falta un bagaje previo, una serie de lecturas teóricas indispensables, y yo quería que la novela sirviese como punto de partida para hacerse preguntas, nada más.

Ginés Vera: —Háblanos por una parte de por qué decidiste hacer una división de El aliado en dos actos con dos narradores y, sin relación con ello, de la importancia del rol de la madre del protagonista a la hora de encajar todas las piezas de este curioso rompecabezas en la sociedad actual.

Iván Repila: —Lo cierto es que hay tres narradores, uno por cada «parte» del texto, aunque al estar en tercera persona los dos últimos (que corresponderían a Garbo y Vergo) se parecen. Pero no están al mismo nivel ni manejan la misma perspectiva, y quise que fuera así para que el narrador evolucionara al mismo tiempo que evolucionaba la trama: desde una primera persona muy íntima cuando el mundo que se describe es totalmente reconocible, hasta una especie de omnisciente lejano cuando nos movemos en el ámbito de la especulación. Sobre el rol de la madre en la novela me resulta complicado hablar sin incurrir en spoilers indeseados: baste decir que gracias a ella descubrimos la incapacidad del protagonista para comprender hasta qué punto ignorar los cuidados es una parte indisociable de sus privilegios.

Ginés Vera: —Última pregunta: El falso epílogo es de Aixa de la Cruz. ¿Por qué un falso epílogo a El aliado y… justamente por ella?

Iván Repila: —Creo que la novela perdería mucha fuerza y estaría coja sin ese epílogo, que pone de manifiesto la contradicción que supone la propia existencia del libro como tal, como objeto, como texto publicado por un sello importante con la firma de un hombre blanco, cis, hetero, con estudios, es decir, yo. La novela, en tanto que ficción, no permite aludir a esa conciencia; el epílogo, en cambio, dado que se sale de la peripecia narrativa y juega con una lectura académica, sí. Es decir: que no se nos olvide que alguien como yo, en general, es la representación pura del privilegio. Y todo ese privilegio acumulado me permite tiempo para escribir y para leer, para formar parte del mundo editorial, para disponer de altavoces —como esta entrevista— o para aprovecharme del feminismo para escribir una novela sobre hombres machistas —privilegiados como y—. La idea fue de Aixa, a quien le pareció interesante el guiño a El cuento de la criada que podía llevarse a cabo y el juego de mezclar datos reales con otros inventados. Me pareció genial su propuesta, pero le dije que la académica es ella, y que solo ella podía escribirlo. Y lo hizo.

El epílogo de @aixadelacruz pone de manifiesto la contradicción que supone la propia existencia del libro como texto publicado por un sello importante con la firma de un hombre blanco, cis, hetero, con estudios, es decir, yo. Share on X

 

 

 

Ivan Repila: Lo que mueve el mundo o destruye imperios ha de ser el deseo 1

 

 

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Entrevista de Ginés Vera

Montaje de la portada: David De la Torre

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